LA GÁRGOLA
25 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.MAYO. 22. Felipe y Letizia emboban al país. En un tercero, en la esquina del reino, una anciana escruta el televisor, ausente. Té y medicamentos son su compañía. Acaba de colgar el teléfono. Hoy tampoco viene la familia. Lo prometieron. Como siempre. Pero hubo un imprevisto. Como siempre. Se levantó a las siete de la mañana para tener la mesa preparada. Hasta banderitas de España. Para los niños. Ahora, toca recoger. Comerá sola, como siempre. Y leerá otra vez el folleto del asilo. Sabe que llamará. Tarde o temprano. No queda otra. Real como una boda. Mayo. 22. Felipe y Letizia se dan un casto beso. En un segundo, una pareja mira con envidia. También tienen planes. Pero la cosa se ha torcido en el astillero. Los políticos de la corte dicen que igual hay que cerrarlo. Y desde hace un par de semanas, un fantasma vive con ellos. Duerme con ellos. Juega con ellos. Desde hace un par de semanas se lo replantean todo. Hasta lo que gastan en tabaco. Porque la cosa pinta mal. Porque el empleo puede fugarse. Porque sus planes pueden quemarse. Real como una boda. Mayo. 22. Felipe y Letizia brindan. En un primero, el televisor calla. Nadie presta atención. Ella aprovecha que la bestia duerme para salir. El maquillaje borra las facturas de la última paliza. Tiene ojos rojos de vampiro. Enfermos de llanto. Al irse, cierra despacio para no despertar al diablo. Sabe que lo mejor es no volver. Que es un suicidio. Que está molida a palos. En la escalera, una vecina le pregunta por el enlace. Si le ha gustado. Ni se entera. ¿Qué enlace? Es que ha estado muy liada. Sobreviviendo. Real como una boda.