DOS GALLEGOS son enviados a Marte en el primer viaje tripulado al misterioso Planeta Rojo. Nada más llegar, cada uno instala su propio campamento base, bien alejado el uno del otro a pesar de que eso implica duplicar los costosísimos sistemas necesarios para garantizar la vida. A saber, alcantarillado, agua, luz, telecomunicaciones, las cúpulas aislantes y los generadores de aire. Izan banderas distintas y envían un escrito al control de la misión, en Houston, reclamando un ayuntamiento. Pasan los meses y los gallegos se acomodan en su nuevo hogar. Los dos únicos habitantes de Marte empiezan por montar dos partidos políticos distintos, uno de ellos, una escisión independiente del de su vecino con idéntica ideología. La cosa va por pares y en un santiamén la desolada superficie marciana ya alberga dos asociaciones de vecinos, dos equipos de fútbol, dos sindicatos, dos fiestas gastronómicas, dos trajes regionales y hasta dos recetas distintas para aliñar el pulpo congelado que les envían cada mes en una lanzadera espacial. La competencia no tarda en poner en peligro la misión y la NASA envía a dos catalanes con el encargo de hacerles firmar la paz. No lo consiguieron, pero decidieron quedarse y fundar otro campamento. Los gallegos se habían asentado en las mejores zonas, así que tuvieron que conformarse con un emplazamiento mucho más cutre. Sin embargo, trabajaron unidos y enseguida ofrecieron tantos servicios que no tardaron en atraer a nuevos colonos. Lo último que se les ha ocurrido es organizar un fórum . Ni ellos saben de qué va ni para qué diantres sirve. Pero triunfa.