Para empezar

SOCIEDAD

TENDEMOS a pensar que cuando algo malo sucede, nada peor puede ocurrir. Pero el tiempo se encarga de demostrar que vivimos sobre una olla a presión que cada poco entra en erupción. Cuando cambiamos de milenio nos entretuvimos debatiendo sobre los buenos y los malos tiempos. ¿Fue el siglo XX el mejor de la historia de la humanidad? ¿Hemos aprendido de los viejos errores para ponernos a salvo de nosotros mismos? Dos guerras mundiales, el holocausto, la destrucción del planeta, las hambrunas, la pandemia del sida y las catástrofes nucleares compiten con el descubrimiento de la penicilina, los avances en la igualdad, la píldora anticonceptiva, la caída de fronteras y hasta con el invento de los pantys de nailon. En estos días, mientras la guerra se complica, se conmemoran dos macabros aniversarios. El de la explosión de la nuclear de Chernobil, que acabará cobrándose ochocientas mil víctimas, y el del genocidio de Ruanda que, en una tremenda exhibición de odio con el mundo entero mirando hacia otro lado, se llevó por delante a un millón de personas. Hechos anteriores nos hicieron creer que estábamos blindados. Pero, como siempre, acabó sucediendo. Como ocurrió el holocausto nazi, y las guerras mundiales. ¿Es posible algo peor que el ataque terrorista del 11-S a las Torres Gemelas? ¿Habremos llegado el 11-M al límite de lo peor que nos puede ocurrir? ¿Quién nos garantiza que la guerra de la que ahora nos distanciamos no va a llegar a la misma puerta de nuestra casa? Retirar las tropas de Irak tal vez no cambie mucho las cosas. Pero por algún sitio hay que empezar.