Vayan calentando motores porque, con la llegada de la primavera, las bodas se disparan. También las reales. La que hoy les traigo es francamente especial. El novio es el príncipe Friso , el segundo en la línea dinástica holandesa. Bueno, ahora ya no es segundo ni nada, porque ha tenido que renunciar a todos sus derechos en ese sentido para poder contraer matrimonio con Mabel Wisse Smit , toda una luchadora por los derechos humanos con una laguna en su pasado. Al parecer, no ofreció al Gobierno de Holanda toda la información que podría haber facilitado sobre un traficante de drogas. Y eso llevó consigo el veto del parlamento a su enlace y la necesidad consiguiente de salir de la realeza para la pareja. Pero al príncipe Friso eso no le ha importado demasiado y ayer completó la jornada de su vida con la estupenda boda que se celebró en la ciudad de Delft. Como ven, no fue un enlace nada normal para lo que se lleva entre la sangre azul. Porque eso de finalizar la ceremonia con una colecta destinado al Fondo Mundial de la lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis, es toda una novedad en estos enlaces. Y, me perdonarán la maldad, pero tampoco es nada común ver a una novia con esos lazos que (no he podido dejar de incluir la foto) van creciendo a medida que la cola se va ensanchando hasta alcanzar un tamaño gigantesco. Parece que el lazo es la divisa de la novia, porque en todo el traje se cuentan por decenas. De todos modos, no vayan a creer que hubo mucha realeza europea en la ceremonia. Por ejemplo, ningún representante de la Casa Real española se desplazó hasta Holanda. Bien es cierto que ya tienen bastante con los preparativos de nuestra megaboda que, de momento, lleva un trazado mucho más convencional que estas modernidades que se gastan las realezas del norte de Europa. La otra pareja del día es la formada por Putin y Berlusconi que, cada vez que se juntan, la arman. A este paso van a acabar teniendo su propio programa de humor en alguna televisión pública. Parece ser que el otro día, ambos mandatarios se desplazaron hasta una fábrica en una localidad próxima a Moscú. Allí, Berlusconi apostó con Putin a que él sería el primero en besar a la trabajadora más bella de la planta. Y, aunque no se lo crean, no se trató de ninguna broma sino que el primer ministro italiano localizó a una de las trabajadoras y se dirigió a hacia ella con las aviesas intenciones que se imaginan. Pero la trabajadora no estaba por el show e incluso llegó a protegerse entre sus compañeros del lanzado Berlusconi, sin éxito. El operado dirigente italiano acabó besando a la joven ante el silencio de Putin que observaba, supongo, entre sorprendido y avergonzado toda la jugada. Más tarde, en la rueda de prensa, Berlusconi reveló el motivo de su interés por besar a la pobre chica: «He ganado» dijo mirando a Putin. Lo siento, pero se me acaban las palabras para juzgar a este hombre. Pero piensen en cómo se sentirían si el presidente de nuestro Gobierno saliera en la prensa europea y mundial cada dos por tres por realizar hazañas como las que les he contado o por hacerse la cirugía estética, por poner unicamente dos ejemplos. Con lo divertidos que son los italianos y lo bien que me lo he pasado cada vez que he podido viajar hasta allí.