Abril con gripe


EXISTEN múltiples teorías sobre la gripe. Tengo una amiga que sostiene que la gripe no tiene relación alguna con el enfriamiento y se pasea en paños menores ante las ventanas abiertas en pleno invierno. Según ella, la gripe es hija de la mala ventilación y los abrigos. Los hay que dicen que lo que hay que hacer es castigar al cuerpo, hacer caso omiso de los síntomas, que la gripe lo que quiere es que la mimen y que, si uno la ignora, se va sin hacer ruido como vino.Yo no sé si todo esto es cierto ni me importa, sólo sé que hoy nadie podrá impedir que me arrope bien arropada en el sofá, que tome leche caliente con miel, que me deje ir contemplando las telarañas del techo de la sala. Fuera hace sol en Madrid y estará atestado de turistas. Mi casa se ve oscura, habaneada por Van Morrison, y los libros se me caen de las manos. En Roma quizás llueva y quizás el gato Leone dormite en una maceta del jardín de la Academia. Sentada frente al ordenador, que es lunes, pienso en María Zambrano y en ese atracador de Alicante que, con rehenes en un banco, pidió cervezas y la policía le llevó botellines sin alcohol. Y pienso en este hormigueo que me recorre los miembros y pienso que la gripe ha de ser como un ejército de bichos que excursionea a través de la materia rendida y asombrada. A los niños nos decían que crecíamos durante la enfermedad, que dábamos el estirón, que madurábamos. Pienso que quizás ahora, de adultos, la gripe no sea más que el dopaje de la primavera en nuestras venas. Y me dejó ir en esta gripe definitiva como un globo, como una procesión de Viernes Santo.

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Abril con gripe