LA GÁRGOLA

30 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY MAÑANAS que son para venirse abajo. La primera puñalada te la pega el paquete de tabaco. Una enorme esquela frontal te deja muy clarito que fumar puede matar. Mal empezamos. Como si no lo supieras. Como si fueras tonto. En un infantil intento por imitar a la avestruz, le das la vuelta para no ver el fatal recuadro de negros bordes. Error. En el reverso también te esperan, agazapadas, las autoridades sanitarias. Vale. Lo capto. Mejor buscar abrigo entre las páginas del periódico. En las historias de la vida. Las que te cuentan que la miopía se disparará en el 2020 por culpa de la inocente pantallita que te plantas en la cara todas las mañanas. Donde te enteras de que el bonachón de Peter Ustinov se ha marchado al otro barrio dejando huérfano al mítico Hércules Poirot. Que Bisbal y Chenoa pueden romper. Pues bueno. Tampoco es que me haya animado mucho. Pero insisto y sigo leyendo. Por fin, encuentro un par de puntillos que me revolucionan las neuronas y me apartan de la hipocondria. Porque el rock de Deep Purple se saltará hoy la muralla china para sacudir Pekín. Y caerá otra frontera. Porque veo que una empresa de cosméticos ha decidido pegar un golpe de efecto y se ha pillado a un grupo de mujeres tan normales (nada de 90-60-90) para ponerle rostro a su nueva campaña publicitaria. Sin anorexias. Y cae otro estúpido muro. Mejor me replanteo la mañana. Voy a pensar en serio lo de dejar de fumar. Visitaré al oculista. Voy a volver a ver Quo Vadis? Escuharé otra vez el Made in Japan y exaltaré los cuerpos que no son Danone. ¿Y el dramón de Bisbal y Chenoa? Su problema... ¿No?