ES UN tipo bajo y regordete. Su historia se ha escrito durante más de treinta años, todos los días laborables desde las seis de la mañana, cuando el despertador le pega una patada y le envía al trabajo. Ducha rápida, balazo de café negro al estómago y al tajo. Siempre. Sin fallo. Se gana el pan en una nave industrial. Tiene las manos hechas trizas. Si Internet sufriese un colapso o se prohibiese la telefonía móvil su vida no registraría cambio alguno. De la caja tonta le interesan las noticias y el fútbol. Poco más. Nunca ha salido en la tele. Ni en la radio. Ni en prensa. Lo dicho. Parece del montón. Pero el viernes estalló en plena calle. Se mostró como es. Un Superman espontáneo. Sin directrices ni tapujos. Sin miedo. Y vio que no estaba solo. Un océano de superhéroes anónimos inundó plazas y avenidas para mirar al infierno a la cara. Para decirle que no hay criptonita que les doblegue. Que los trenes negros matan, destruyen y duelen. Que muerden el alma como serpientes. Pero que nunca podrán arrodillar a los que mandan de verdad. A los que parecen del montón. A los que aprietan los dientes para tirar del carro. A los que van de frente. Sin mentiras. Todo es más fácil sabiendo que Superman es un tipo bajo y regordete que se esconde en una nave industrial destrozándose las manos.Y que hay muchos como él, disimulando su fuerza en tiendas, en cafeterías, en autobuses, en oficinas, en institutos... A la vuelta de la esquina. Y que sacaron su magia cuando más falta hacía. Cuando todo estaba helado. Cuando llovían lágrimas, lutos y crespones negros. Mueven el mundo. Y lo mejoran.