Fantasmas del pasado

Alba Díaz Pachín

SOCIEDAD

Sí, sí. son ellos, Karl Marx y Vladimir Ilich Lenin en la plaza roja de Moscú con el Kremlin al fondo. Y la fotografía es de ayer. Y no está manipulada. ¿Qué están haciendo en tan emblemático lugar? Pues campaña electoral, porque ayer era el último día para ello en Rusia, un país que, como nosotros, decidirá mañana quién regirá sus destinos durante los próximos años. Evidentemente, tanto Lenin como Marx no son más que dos dobles. En realidad un par de fantasmas del pasado que se han hecho carne en la plaza roja para intentar influir en sus conciudadanos. A nosotros también se nos han aparecido nuestros peores fantasmas con la intención de influir en nuestros votos. Espero que no lo consigan. Estoy segura de que no. Apretones sentimentales Espero que me entiendan, pero no voy a dedicar ni una línea más al luto ni al dolor. El mundo sigue y nos merecemos una sonrisa. Por ejemplo, imaginando la cara de un abogado que tenía como clienta a Heidi Madee Romero , una dominicana que respondía ante unos cargos por narcotráfico. La expresión del abogado a la que me refiero se produjo cuando, al entrar en los lavabos de la Corte de Apelación, se encontró a su defendida disfrutando del acto sexual con uno de sus guardianes. El abogado explicó que era un profesional con dilatada experiencia y que, visto lo visto, abandonaba la defensa de su fogosa defendida. Ahora bien, para fogoso, Ignacio Cabrera , aunque seguro que a este dominicano no le gustaría que le adjetivaramos así. Cabrera se presentó el jueves en un hospital de Santo Domingo pidiendo que hicieran algo por él, ya que llevaba, según dijo, seis días con el pene erecto. Desde mi más completo desconocimiento de qué sensación debe padecer una persona con ese problema, me da la impresión de que el hombre no exageraba cuando expresaba tremendas muestras de dolor a los médicos. El caso es que ayer, Cabrera entró en su séptimo día sin que los urólogos hubieran podido desbloquear la situación. Cuentan las agencias de prensa que el dominicano fue tratado por cuatro profesionales que le aplicaron varias técnicas, aunque evitando la cirugía. Pero sin éxito. Ante tan singular problemática, los médicos le preguntaron si había tomado algún estimulante, pero Ignacio lo negó: «Sólo he comido puré de patatas con queso», les dijo. En cualquier caso, de lo que no cabe duda es de que Cabrera se ha convertido en todo un fenómeno en su país, ya que los periódicos locales están explicando el caso con un notable despliegue de páginas y titulares. Tanto es así que las personas que se han acercado hasta el hospital a interesarse por el asunto se cuentan ya por centenares. Afortunadamente, los responsables del hospital se han negado a autorizar visitas al pobre Ignacio, porque los curiosos no se conforman con llegar a las puertas del hospital. Prejuicios (in) salvables ¿Se comería usted unos capullos de gusanos de seda sobre huevos de codorniz? ¿Y qué me dice de unos escorpiones flambeados? Si su respuesta ha sido no las dos veces, es que es usted un antiguo. Los insectos son lo más nuevo en la cocina contemporánea. O así al menos lo ve Montserrat Guillén , una cocinera catalana afincada en Miami que ayer protagonizó un curioso encuentro en la jornada final de la feria Alimentaria que se celebra en Barcelona. Ya, entiendo que ustedes, como yo, formamos parte de ese grupo de occidentales que no se lanzan a comer termitas o escarabajos por prejuicios culturales. No se preocupe, Montserrat Guillén está convencida de que esos prejuicios se pueden salvar y, para los que no somos vegetarianos, nos recuerda que el 80% de todos los animales son insectos. Siguen sin estar convencidos ¿verdad? Seguro que tampoco les sirve el dato de que existen mil quinientas especies de insectos comestibles o que la mayor parte de ellos son ricos en proteínas. Ya. Prefieren el pollo. O, si hay que comer un bicho de ocho patas, mejor que sea una nécora. O un pulpo. Estoy de acuerdo. Supongo que ya están informados de que esa gran serie llamada Sexo en Nueva York cerró sus puertas el mes pasado. No habrá más episodios nuevos. Y entre todas las fans que han lamentado el fin de la serie, unos cuantos cientos se agolparon el jueves en el entorno de una tienda de Nueva York en la que se vendía la ropa que vistieron las protagonistas a lo largo de la serie. Y no crean que estaba de saldo, no. La pieza más cara fue una minifalda de Chanel por la que una mujer pagó cinco mil dólares. Otras se compraron ropa que ni siquiera les servía. Fetichismo puro. Pero yo lo comprendo.