Hechos y figuras
07 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Con ese toque tan chic, tan divino, el gran Tom Ford dirigió ayer el que podría ser su último desfile. El tejano volvió ayer al Museo Rodin de París para despedirse de Yves Saint Laurent, como hace unas semanas hizo de Gucci durante la semana de la moda de Milán. Con el desfile de ayer, Fod cierra un glorioso capítulo personal y empresarial, como diseñador de dos de los iconos del lujo, a los que el ex modelo insufló un aire de renovación decisivo para que, sobre todo Gucci, superara la somnolienta etapa en la que permanecía parapetado hasta la llegada de Ford. Con su despedida, -y la de su colega Domenico de Solle, presidente y director general de Gucci- algunos analistas del glamur y la industria de la moda observan el cierre de una época similar al que aconteció con la espantada de las pasarelas de la pandilla de las modelos estrella -ya saben, Cindy, Naomi, Claudia y sus colegas- cuya fama y poder les llevó a plantear exigencias de tanto calado que las firmas de moda acabaron por prescindir de sus servicios optando por rostros más anónimos. El sucesor -más bien parece que serón sucesores- no tendrá el gancho del divino Ford, que parece dispuesto ahora a intentarlo con el mundo del cine, en el que se propone irrumpir con el descaro con el desbarató el mundo de la moda. Aunque ayer desfilaron en la semana de París algunos de los grandes, la jornada fue en exclusiva de Ford. Compañeros suyos de compañía como Stella McCartney le dedicaron sus desfiles, y hubo quien incluso se atrevió -Castelbajac lo hizo- a proponer un vestido que llevaba estampado el armonioso rostro de Ford. Por lo demás, la mujer que ayer se subió a la pasarela de la última jornada de la semana del pret-a-porter parisino, tiró mucho de rojo y negro y de un look muy años veinte. Julien Fournié presentó mujeres fatales con toques de inspiración española muy favorecedores, francamente. Otra de las diseñadoras con apellido ilustre, la referida Stella McCartney apostó por un viaje a los cuarenta durante un desfile seguido en directo por su famoso padre. Varias productoras de cine norteamericanas -veinticinco para ser exacta- andan a la greña estos días para tratar de hacerse con los derechos de una de las historias más conmovedoras con las que nos hemos topado en los últimos tiempos. Seguro que la recuerdan. Luzaida Cuevas fue invitada hace unos días a una fiesta de cumpleaños en la que se topó con una pequeña de seis años a la que inmediatamente reconoció como su hija. Lo prodigioso es que a la niña la habían dado por muerta a los diez días de nacer, víctima de un supuesto incendio que en realidad ocultó el secuestro de la pequeña. Fingiendo sacar un trozo de chicle del pelo de la niña, Luzaida tomó algunos cabellos para efectuar una prueba de ADN, con objeto de probar que Delamira era su hija, como resultó ser. Alguna de las productoras interesadas han soltado el nombre de Jennifer Lopez -puertorriqueña, como la sagaz Luzaida- para protagonizar la película. Hay gente pa tó, que diría el otro. Y en esa gente incluyo al señor que ayer pagó 3.460 euros por un pelo de John Lennon, que supongo que al menos llevará pegada el correspondiente certificado de ADN, porque ya me dirán. La subasta aconteció durante la feria del disco de Girona y el nuevo propietario de tamaño tesoro reside en Hong Kong, aunque utilizó para pujar a un intermediario de Marbella.