NO CREO que haya una sola persona en toda España que no haya escuchado alguna vez la expresión «armas de destrucción masiva». Durante meses fuimos bombardeados con esta frase que, de repente, se convirtió en el término de moda, en la amenaza total. Sin embargo, una vez iniciada la guerra que había comenzado precisamente a causa de esas armas de destrucción masiva, el principal telediario de la televisión pública, el que dirige y presenta el responsable de los servicios informativos, no volvió a dar ni una mísera noticia relacionada con las famosas armas. Bueno, en realidad sí debió dar alguna porque, según el informe elaborado por un colectivo de profesores universitarios en el que se analizan todas las segundas ediciones del telediario desde el inicio de la invasión a la toma de Bagdad, las armas de destrucción masiva ocuparon el 0,3% del total de tiempo dedicado al conflicto armado. El informe destripa como el famoso telediario dedicó el doble de tiempo a recoger opiniones favorables a la guerra que a las que criticaban el conflicto; algo muy lógico si se tiene en cuenta que el 91% de los españoles se manifestaban contra la intervención en Irak. Desde luego, al responsable de semejante desaguisado no le faltarán cosas que contar a sus nietos: desde haber sido protagonista de la primera condena por manipulación informativa en la televisión pública a haber recibido una medalla por su trabajo en la misma comunidad autónoma donde el público le abucheaba, cuando entraba en directo, por lo sesgado de sus informaciones. Pero seguro que él preferirá contar como reveló todos los secretos de la profesión a la futura reina de España.