ENTRE LÍNEAS
17 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.OCURRE a diario. La carretera se tiñe de rojo. Los accidentes de tráfico nos desangran a ritmo de pandemia. Cada vez hay mejores viales, los coches tienen airbags hasta para las rodillas, abs, eps y la leche en verso. Pero cada vez muere más gente en la cuneta. Estos días oí a un tipo del Gobierno en la tele que decía que había que reflexionar para buscar las causas de tanta tragedia. Que no busquen más. Yo se las cuento. Básicamente, conducimos mal y a lo loco. Más rápido o más lento de lo que aconseja la prudencia. Seguimos hablando por el móvil. Nos picamos con los otros conductores. Somos unos nerviositos y vamos por la vida en plan Fitipaldi. Adelantamos apurando la línea continua. Hacemos mal las rotondas. Deslumbramos a los otros conductores con nuestras luces largas o mal regladas. No revisamos convenientemente nuestros vehículos. No descansamos en los viajes. Por haber, hay locos que siguen combinando alcohol y volante. Un cóctel mortal ¿Les parece poco? La cuestión es qué podemos hacer para aplacar este desastre. En Francia han optado por colocar miles de radares fijos que si te pasas del límite de velocidad te hacen la foto y te envían la multa a casa en un pispás. Ha dado resultado. Las muertes en carretera se han reducido de forma espectacular. En Inglaterra han optado por darle mil vueltas a cada metro de asfalto que se coloca. Una comisión técnica se encarga de analizar posibles situaciones de riesgo. También les ha ido bien. Se me ocurre que en España podrían hacer ambas cosas. Y acompañarlo de mucha educación, que es lo fundamental que hay que tener en la carretera.