En contra de lo que se pudiera deducir, Francisco Pacheco es indio. Indio de la India. Adora la música de Tupac Shapur y lleva abrazados al cuello y a los dedos ostentosos joyones de oro. Micky nació en una pequeña población de Goa, ese extraño estado de la India que parece California y en el que la gente es católica, bebe oporto y habla portugués. El padre de Francisco era un humilde comerciante sobre cuyas enseñanzas nuestro hombre apuntaló un imperio. Pacheco estudió diseño en Nueva York. Debió de aprender bien el oficio, pues a base de coser trajes de noche reunió una fortuna con la que mantiene abiertas varias mansiones en Florida. Un día decidió diversificar el negocio y montar una red de agencias de viaje que no hicieron sino multiplicar sus ahorros. Otro día compró el equipo de fútbol de su pueblo. Hace dieciocho meses Micky Pacheco se propuso meterse en política. En poco tiempo se convirtió en ministro de turismo, deportes y juventud del estado de Goa. A estas horas, Francisco se prepara para afrontar el reto de su vida. Hoy cumple 38 años y para celebrarlo ha decidido organizar la madre de todas las fiestas de cumpleaños en el estadio de fútbol en el que entrena su equipo. Quince mil personas lo acompañarán en el jaleo. Incluidos los trece consejeros y el primer ministro del gobierno de Goa. «La vida es incierta. No sé si el año que viene estaré vivo», ha dicho el salado de Micky para justificar el descomunal alcance del sarao. De lo dicho pudiera deducirse que Pacheco es tan sólo un bon vivant. Pero Micky se considera, en realidad, un simple hippie. Un hippie fetén.