LA GÁRGOLA
25 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.EL PRIMER síntoma es el tipo calvo de los anuncios de Lotería. Te mira con buen rollo, como si te fuese a solucionar la vida. Diagnóstico: es Navidad. Diciembre aún es futuro en el calendario, pero ya es Navidad. La banda sonora de la vida se transforma en un villancico. Compras un décimo aunque no juegues el resto del año (no vaya a ser que a los demás les toque y a ti no). Las cenas hacen fila: familia, amigos, trabajo, la peña de la quiniela... No te gusta el mazapán, pero te lo comes y te callas. Se fuerza la sonrisa, aunque no apetezca. Repites «felices fiestas» como un loro atontado.... Es Navidad. Surgen dudas estúpidas: ¿Árbol o Belén?; ¿Reyes o Papá Noel?; ¿Quién hará el anuncio de Freixenet? Los centros comerciales succionan compradores al filo de la compulsión. Los escaparates chillan colores para engancharte. Tu ciudad se convierte en una enorme guirnalda de neón. Es Navidad. Y hay bombas masivas de alegría artificial. Aunque sepas que todo está igual y que los fantasmas no quieren tregua ni noche de paz. El luto sigue cubriendo la cosecha de cadáveres de la carretera. Una mujer se morirá de rabia o se morirá reventada tras ser usada como saco de boxeo. Y la desesperación navega en pateras.Y nadie expulsa a los mercaderes de sus lujosos templos. Trafican en despachos con armas, mentiras y veneno para ganarse el paraíso fiscal. Y algún chaval se pondrá ciego de éxtasis en Fin de Año.Y también será Navidad en hospitales, cárceles y manicomios. Si los villancicos sirviesen para borrar todo eso, me tragaría mejor el asunto y el turrón.