No hay mal que cien años dure, dice el refrán. Y cuánta razón tiene. Hace unos días, todo era un desastre en la Familia Real británica. El espinoso asunto del supuesto incidente homosexual del príncipe Carlos amenazaba con dar un vuelco a la sucesión de la corona, Carlos se reunía con sus hijos y su compañera, Camilla Parker , y hasta los quiosqueros escondían los periódicos extranjeros que hablaban sobre el asunto. Apenas han pasado quince días y el príncipe Harry parecía vivir ayer el día más feliz de su vida. Las mujeres nos quejamos muchas veces de lo banal de los acontecimientos deportivos, pero hay que reconocer que un simple partido, en este caso de rugby, puede tener efectos más eficaces que los conseguidos por una legión de siquiatras. Así que ayer, la victoria in extremis de Inglaterra, produjo un efecto balsámico, al menos sobre el príncipe Harry, que ya ven como reaccionó tras el último tanto que daba la victoria a los ingleses. La señora que parece estallar de éxtasis es la mujer del seleccionador, que compartía el palco con su hija (la joven del polo rayado). Así que, aunque sólo de forma momentánea, un balón ovalado le dio un respiro ayer a la realeza británica. O, al menos, a uno de sus miembros. De las peripecias de un inglés en Australia saltaremos a las de un estadounidense en China. Parece ser que una de las más importantes firmas de confección de ese país está cerca de contratar a Bill Clinton para que se convierta en modelo e imagen de sus trajes de caballero. De hecho, el ex presidente se desplazó a China para dar una conferencia y aprovechó para reunirse con los empresarios, que ya habían intentado contratarle cuando Clinton todavía ocupaba la Casa Blanca. Claro que entonces la oferta fue congelada hasta que Bill finalizara su mandato. Y ahora todo indica que Clinton podría convertirse muy pronto en el occidental que publicitara los más famosos trajes chinos. No se le puede negar al bueno de Bill un cierto encanto personal pero, desde luego, tampoco su decidida afición por el dinero. Y es que los empresarios se buscan la vida para dar con fórmulas de éxito que mejoren sus negocios. Aunque algunas de las ideas que se leen por ahí son, cuando menos, discutibles. Es el caso de una peluquería para caballeros en la ciudad polaca de Wroclaw, que no sólo ha recuperado a su clientela perdida, sino que la ha multiplicado tras efectuar un pequeño pero eficaz cambio: sus empleados ahora son jóvenes empleadas que cortan el pelo y recortan el bigote de los clientes ataviadas únicamente con sugerentes conjuntos de ropa interior. Como ven, el empresario no se estrujó mucho los sesos, pero está triunfando en sus primeros días del nuevo negocio. El hombre aclaró: «Bueno, las chicas tendrán que ponerse también una combinación corta, porque el departamento de Sanidad de la ciudad nos ha exigido que usen ropa de protección, pero garantizamos que será una prenda transparente, para que no impida apreciar los encantos de nuestras chicas». Las empleadas dicen sentirse tranquilas ante posibles pérdidas de la sangre fría por parte de los clientes, gracias a los empleados de seguridad que están en el local. Y, el empresario, que ha pensado en todo, propone tarifas más bajas para los clientes que vengan acompañados de sus parejas, intentando así que éstas no impidan a sus novios y maridos acudir a la singular barbería. Antes de que se pregunten por qué no hacen lo mismo con las señoras, el empresario mostró su intención de abrir un negocio para féminas atendido sólo por jóvenes peluqueros vestidos con minúsculos bañadores. Y en más sitios, pero en la capital británica, el inicio oficial corrió a cargo de Enrique Iglesias, que encendió ayer el alumbrado de la famosa Oxford Street. Antes había regalado a las casi 5.000 personas que allí estaban con dos canciones. Ya es Navidad.