Subdesarrollo

SOCIEDAD

14 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Arnold Schwarzenegger se hará cargo el lunes de la rica California. Los ciudadanos del estado más progre de EE.UU. se cansaron de un gobernador tarambana y no vieron mejor opción que votar al candidato hecho de celuloide, anabolizantes y millones de dólares. Quién sabe, puede dar la sorpresa, pero la elección parece un episodio más de la contradictoria historia de la nación más poderosa del planeta. En el epicentro del desarrollo tecnológico y el progreso económico no dejan de asomar episodios que sacarían los colores a cualquier aspirante a uno de esos visados de homologación democrática que tanto le gusta repartir a la Casa Blanca. Todo empezó incluso antes de que unas rudimentarias máquinas de votar sirvieran de pretexto para justificar la chapuza electoral que dio la victoria a Bush. La cuna de la democracia moderna ofreció un grotesco autorretrato. Tampoco estuvo a la altura cuando, tras el 11-S, se dispuso a combatir la brutalidad terrorista pisoteando su propia Carta de Derechos e inventándose una guerra con un insoportable tufo colonial. Sin tiempo para recomponer la farsa de las armas de destrucción masiva, Estados Unidos se enfrentó aún a otro capítulo de descrédito internacional. El apagón de agosto reveló que la superpotencia está trenzada con una red eléctrica del tercer mundo. Sería exagerado decir, incluso tras la elección de Schwarzenegger, que al imperio se le han fundido los plomos, pero algunos síntomas de agotamiento son evidentes. Alguien lo expresó con elocuencia: Estados Unidos es un gran país en vías de subdesarrollo.