La Cedeira más divertida

Eva Díaz FERROL

SOCIEDAD

JOSÉ PARDO

En Directo | La Festa de Samaín mantiene viva la tradición de los difuntos Cientos de niños y también muchos adultos disfrutaron ayer en la villa de la fiesta que conjuga el ancestral culto a los difuntos con las más prosaica diversión

01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?ran cientos, quizá miles, los niños que ayer acudieron a la plaza da Vila Vella para renovar esa sana tradición de recordar los antiguos ritos celtas y, además, pasar una tarde muy divertida. La Festa de Samaín es eso, una manera de combinar la cristiana fecha del 1 de noviembre y la mitología que alimentaba el espíritu de los habitantes de los castros con una programación lúdica dedicada especialmente a los más pequeños. La tarde comenzó con el tallado de calabazas. Se vacían y se les abren huecos para simular ojos y boca, unos palillos pueden hacer de dientes; finalmente, una vela encendida proporciona el adecuado aire tétrico. Y si una de estas figuras podría dar miedo, qué decir de cientos de calabazas encendidas desfilando por el pueblo, sobre todo, por las angostas calles del casco antiguo, con el alumbrado público apagado. Una escena que los organizadores (la asociación Amigos de Samaín) completaban emitiendo sonidos que parecían guturales, micrófono en mano, o disfrazándose de enormes luciérnagas de papel. Y como broche, los sones de un tambor solitario. Se conseguía así un panorama como de cuento de terror pero que en realidad arrancaba sonrisas e incluso carcajadas a Antía, Ana, Irene, Sofía, José Manuel, Alba y tantos otros. Los pequeños protagonistas de la velada no se llevaron ni un pequeño susto. Y como en Galicia no puede celebrarse una fiesta popular sin un disfrute gastronómico, los Amigos de Samaín prepararon una merienda muy de otoño, con castañas, bolla de azúcar (se llevó los piropos de la mayor parte de las madres), requesón, tarta, zumos y cervezas. La ración más cara, la de castañas, costaba un euro y medio. El dinero es, precisamente, la parte seria de una fiesta que decide dar la espalda a lo que de triste hay en el día de Difuntos. Dinero, y bastante (exactamente 3.000 euros) tuvo que reunir la asociación que organiza los actos. Para ayudarse, en un bajo de una casa cercana improvisaron una tienda-bar en la que además de despachar las meriendas vendían camisetas, paraguas y chubasqueros (que no hicieron falta; la tarde se quedó seca e incluso sin frío) o pins . Cuando terminó el desfile a oscuras, volvió la luz a la plaza da Vila Vella para terminar la fiesta como debe ser: con música. La orquesta Tentación (cortesía de la comisión de fiestas Cedeira de este año) disolvió las brumas de la noche de Difuntos y ahuyentó a los espíritus. También animó a muchos a terminar una tarde tan intensa echando unas piezas.