ENTRE TINIEBLAS
16 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.¿RECUERDAS cuando te sentías desnudo sin tu eurocalculadora; cuando practicabas la tabla del seis o buscabas referencias nemotécnicas para convertir la nueva moneda en tu cerebro? ¿Recuerdas cuando un euro eran 166,386 pesetas y un billete de cincuenta equivalía a 8.319,3 pesetas? ¿Recuerdas aquel monedero en el que administrabas racionalmente las nuevas monedas? ¿Recuerdas cómo sentiste perder la calculadora del banco y cómo acabaste configurando tu móvil para que te hiciera la conversión con sólo tres teclas? ¿Recuerdas tu fastidio al recibir cuentas de 456,15, imposibles de traducir en menos de varios minutos a una referencia clara? ¿Recuerdas? Parecía imposible que hoy las cosas fueran ya tan fáciles. Pero es que somos un país moderno y pragmático. Un país con capacidad de converger por lo civil o por lo criminal. Así que nada. Lo que costaba veinte duros, ahora cuesta un euro. Y así sucesivamente hasta llegar a los de cincuenta que, como todo el mundo sabe, equivalen a las cinco mil pesetas de antes. Hasta el color de los billetes ayuda. Somos unos artistas, hemos hecho el redondeo más portentoso de la historia. Como no nos sabíamos bien la tabla del seis, hemos fulminado los decimales y, de paso, los picos en las decenas y las unidades. Y como los que pagan los salarios no tienen miedo a las calculadoras y no redondean al alza más que el tercer decimal, pues ahora nos damos cuenta de que se nos ha olvidado como sabe el pan con tomate, porque las hortalizas cuestan una fortuna y el pollo tiene precio de cordero y la merluza de rape. ¿Recuerdas como sabían unas judías verdes?