DIAGONAL
10 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.No deja de tener su gracia esto de que llegue el Dalai Lama y salga a recibirle el juez Garzón. Una gracia peculiar y puñetera, la gracia de una bienvenida en la que no está quien debiera, la gracia de una recepción en la que no recibe quien se supone que debería recibir. El Gobierno se llama Andana frente al Dalai Lama. Aznar opta por no verle ni en privado, por no decirle ni pío. Tiene de pío todo lo que hay que tener para clamar por las raíces cristianas de lo europeo. Le interesan a Aznar las raíces cristianas de Europa, y es sabido que no es hombre que se ande por las ramas. Es un hombre nada arbóreo este Aznar, y escasamente dado a las contemplaciones. Tiene poco de místico, menos de ascético, y parece que le aburren los vagabundos con las manos vacías. Es un hombre de acción, Aznar. Un pragmático visceral. Pactica una realpolitik : la de la vaquiña por lo que vale. Desprecia a las sociedades errantes. Ve a un hombre desterrado y puesto de patillas en la calle por el imperialismo chino, y se pone a pensar en lo que puede obtener de darle o no darle la mano. Los chinos pagan muy bien eso de no darle la mano al Dalai Lama. Aznar se pone a pensar en el Dalai Lama y, de inmediato, cae en la cuenta de que eso de las raíces cristianas -la caridad, la compasión, la misericordia- están bien en Europa, pero en Asia se cotizan otras monedas. Y como no quiere tener ni idea de quien es el Dalai Lama, pues decide que le pueden ir dando al Dalai Lama. Y entonces sale Garzón. ¿qué le podrá decir un juez a un budista? En cuanto a Zapatero, tenía hora para buscar el Tíbet en el mapa.