Mujeres de rompe y rasga

La Voz

SOCIEDAD

PAUL BARKER

hay mujeres que dependen de los hombres y otras que saben vivir tranquilamente sin ellos. A éstas últimas se les suele denominar, no siempre con cariño, mujeres de rompe y rasga. Ni que decir tiene que a mí me caen de maravilla y por eso les traigo aquí dos ejemplos de altura. La primera es Theresa May, presidenta de los conservadores británicos, que está al frente de un grupo en el que no faltan los carcas más carcas del mundo. El caso es que el año pasado, durante la reunión anual del partido, Theresa May apareció vestida con un traje pantalón de color negro y, ¡Oh, atrevimiento!, unos zapatitos con dibujos de leopardo. Esta decisión tan arriesgada le valió las críticas del sector más derechista del partido -que, dicho sea de paso, no veía tampoco con buenos ojos su política aperturista a toda la sociedad, gais incluidos- pero no se amilanó: ayer apareció en otra reunión del partido también de negro y también con zapatos.... de cebra. De cañas con Faye La segunda señora de armas tomar que traigo a esta página es nada menos que Faye Dunaway, una actriz como la copa de un pino que, además de saber hacerse mayor, tiene un humor envidiable. Ahí la tienen, en Munich, en la tradicional feria de la cerveza que cada mes de octubre revoluciona la ciudad alemana. No creo yo que la atractiva Faye sirviese muchas pintas, pero no quiso perder la ocasión de inmortalizar el momento. Por cierto... así vestida parece una auténtica teutona. Mi tercera mujer de la página es también de rompe y rasga, aunque con matices, bueno, algo más que matices, la verdad. Es Aída, la vallisoletana que salió disparada de Gran Hermano y que habla en tercera persona de sí misma, como la frase que destaco. Ayer salió una exclusiva suya en la revista ¡ Qué me dices! , en la que dice perlas como éstas: «Nunca he sido algo tan simple como becaria. He sido su delegada personal (de Ramón Tamames) durante cuatro años y medio»; «trabajé en la Cadena Ser a los quince años y me convertí en la locutora de moda de Valladolid»; «por desgracia, he tenido que compatibilizar mis estudios con mi trabajo en un despacho con un prestigioso catedrático y tenía que irme a trabajar en vez de tomarme un café con mis compañeros». Y dejo para el final la que creo que es la mejor: «Mi abuelo paterno era gobernador de Jerusalén y yo estoy emparentada con la familia real jordana. Sin embargo, mi abuelo materno se ganaba la vida cargando sacos y he preferido vivir con mi madre, en vez de en una de las mejores familias jordanas». ¡Qué maravilla! Y yo que creía que esta chica era irreal y resulta que no, que de tan real que es, está emparentada con la realeza. Si hay muchas como ella así se explican los conflictos de Oriente Medio.