Los reclusos del cenobio

Carlos Fernández REDACCIÓN

SOCIEDAD

XURXO LOBATO

Reportaje | El monasterio que fue prisión Antiguos presos republicanos se reencuentran en el sesenta aniversario de la clausura como cárcel del monasterio de San Salvador de Celanova

19 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«En esta cárcel debe reinar la disciplina de un cuartel, la seriedad de un banco y la austeridad de un convento». Ésta fue la frase que mandó colocar en todas las penitenciarias el director general de prisiones, Máximo Cuervo. El mensaje también se grabó en el monasterio de San Salvador de Celanova (Ourense), que llegó a ser la cárcel más importante de Galicia y una de las principales de toda España. Este mes se ha conmemorado el sesenta aniversario de su cierre, para lo que se celebró un homenaje en el que participaron antiguos presos y sus familias. Sobre este triste episodio de la historia de Galicia se han escrito varios libros de investigación, como Longa noite de pedra no mosteiro de San Salvador , de Domingo R. Teijeiro, y Prisión central, Celanova, de Xesús Alonso Montero, o novelas como Celanova 42, de la asturiana Concha López Sarasúa. Desde el siglo X, en que fue mandado construir por San Rosendo, el monasterio sufrió diversas vicisitudes, como su uso por la orden benedictina. Entre 1869 y 1922 fue centro de los Padres Escolapios y luego los Agustinos tomaron el relevo, hasta que en 1936, coincidiendo con el inicio de la Guerra Civil, fue tomado por los nacionales, que lo convirtieron en prisión, primero provisional y luego central. Poco a poco, la penitenciaria de San Salvador fue ganando peso. En 1938 ya albergaba 986 presos y un año después el número de reclusos se incrementó a 1.500. Esta cifra se mantuvo prácticamente invariable, hasta que en 1943 el Gobierno decretó su cese y devolvió el edificio a su fin espiritual. Al igual que ocurrió con Camposancos, el 70% de los presos de Celanova eran asturianos, detenidos en su mayoría tras la ocupación de la región por las tropas franquistas en octubre de 1937. Y con los reclusos llegaron sus familias, muchas de las cuales se quedaron a vivir en Celanova. Mucho trabajo, poca comida Los presos, además de comer poco y mal, se veían obligados a trabajar denodadamente para redimir su pena. En la prisión se seguía la tesis del padre Pérez del Pulgar: «Que construyan lo que destruyeron con la revolución marxista y ayuden a edificar la nueva España que el caudillo desea». Paralelo al esfuerzo físico se llevaba a cabo su regeneración moral. Prácticamente como única lectura tenían las obras de Santa Teresa o Imitación de Cristo, de Kempis, y debían asistir a conferencias a cargo de sacerdotes y falangistas. También se les ofrecía otra posibilidad para redimirse: participar en la revista Redención , editada en las propias prisiones y supervisada por la Dirección General. La publicación recogía consignas de Franco como la siguiente: «Si se visitasen los establecimientos penales de los distintos países del mundo, puedo aseguraros, sin temor a equivocarme, que no se encontrará un régimen tan justo, católico y humano como el establecido desde nuestro Movimiento para con los reclusos». Muchos presos, sin embargo, fallecieron en la cárcel monasterio de San Salvador de Celanova.