VIDAS EJEMPLARES
27 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL MARTES en A Coruña se alcanzó una máxima de 28 grados. Los pies caminaban en chancletas, las axilas batallaban contra el Axe y los piercings ombligueros disfrutaban del sol. Pero él, ajeno a los sudores del verano gallego, se fue a ver el partido de Riazor vestido con una zamarra polar; la misma chupa impermeable que se pone en diciembre, enero, febrero... ¡y también en agosto! El hombre de la zamarra tiene 55 años y es millonario (lleva un lustro ganando cerca de 200 kilos al año). Con el petiño que apalanca en el banco, mañana mismo podría comprarse una villa en Ciudad Jardín (a la vera del estadio que tanto frecuenta) o un pazo señorial en las afueras. No es su estilo: el hombre de la zamarra prefiere la estrechez de una habitación de hotel, donde vive solo desde hace ya seis años. El tío del anorak tiene aficiones discretas, pacíficas y baratas. Le gusta caminar a horas raras por el paseo marítimo y se cuenta que ir a Misa no es el menor de sus hobbies . Cuando se pone elegante, saca americanas y pantalones de tergal que debieron ser moda hace 10 años en el feirón de Valença do Minho. Cuando se pone simpático, intenta chistecillos que apenas logran arrancar una media sonrisa. El hombre de la zamarra no ha enamorado a los gallegos, que lo respetan, pero echan de menos la retranca autóctona de su predecesor en el cargo. Pero a muchos nos gusta Javier Irureta. Nos tranquiliza ver a ese campeón del sentido común haciendo surf sobre la ola de números rojos de su jefe. Nos congratulamos de que un tipo gris triunfe en el mismo circo en el que trabaja Beckham.