Miles de personas asistieron al simulacro de naufragio, una peculiar ofrenda de los marineros a la patrona. La representación se realizó por primera vez hace 41 años.
17 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.En una mañana tan soleada como la de ayer, con el mar en calma, calor y una suave y gratificante brisa, nadie hubiera esperado un naufragio en Laxe. Pero ocurrió. Una lancha con un grupo de pescadores a bordo zozobra a escasos metros del muelle. Los hombres tratan de alcanzar la orilla a nado, pero uno de ellos no resiste el esfuerzo y es engullido por el mar. Sus compañeros rescatan su cuerpo y lo arrastran hasta la orilla, donde recupera el aliento y la vida a los pies de la imagen de la Virxe do Carme. El milagro se repitió una vez más, y ya van 41 desde que Avelino Lema Santos, marino jubilado, decidió cumplir su promesa a la patrona después de haberlo salvado de tres naufragios en Filipinas, Salónica y las islas Canarias. Avelino Lema decidió honrarla con una escenificación que había visto en el puerto peruano de San Juan, y él mismo interpretó durante años el papel de náufrago, hasta que la edad pudo más que las ganas. Pero durante todo este tiempo ha estado al frente de la organización. Él ensaya con los jóvenes que participan en la representación para que el ritual se mantenga invariable. Y hasta ahora lo ha conseguido. Salvo por los sucesivos cambios de actor protagonista -este año ha sido Raúl Villar, que ya había interpretado el papel en el 2000- y por las innovaciones en las ropas de agua que utilizan los pescadores -nada parecidas a las de hace cuarenta años- el simulacro de naufragio no ha variado. No obstante, este año, como otras veces, la marea obligó a introducir un cambio de ubicación, ya que, por falta de calado, no pudo realizarse en la rampa de siempre y se trasladó al muelle pequeño. A la una y media de la tarde de ayer, Laxe era un hervidero. Miles de personas buscaron las mejores atalayas para no perderse detalle. Durante la representación, especialmente emotiva para un pueblo que vive del mar, reinaron el silencio y el respeto. Pero cuando la virgen obró el milagro y las sirenas de los barcos empezaron a sonar, los aplausos resonaron en el muelle. Después salió la procesión marítima.