Entrevista | Miguel Ángel Rodríguez EX PORTAVOZ DEL GOBIERNO DE AZNAR Rodríguez, que veranea en Sada, cree que el Gobierno cometió el error de decir que no pasaba nada con el «Prestige», aunque la gestión posterior fue «espectacular»
14 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Miguel Ángel Rodríguez, el polémico portavoz de los primeros años del Gobierno de Aznar, disfruta del verano de Sada. «Vengo desde hace 15 años», dice. Aunque de vacaciones, contesta varias llamadas y correos relacionados con Carat, la empresa de publicidad que preside. -Dicen que usted manda más que cuando era portavoz del Gobierno. -Ni mandaba antes, ni ahora. De quien verdaderamente influye apenas se habla. -Pero mantiene una buena relación con Aznar. -Tengo buena relación con el presidente y con los ministros con los que trabajé. -Un Gobierno marcado por el «Prestige» y la guerra de Irak. -La votación popular, por sorprendente que parezca, y a mí me ha sorprendido, estuvo más con el Gobierno de lo que parecía. Valoró la gestión de Aznar globalmente, y no esos escollos. -¿Pensó en volver? -No. Dejé el Gobierno en un momento en que creo que fue lo mejor para Aznar. Había que bajar el volumen de la sala de prensa. -¿Apostaría por un sucesor de Aznar? -No, porque Aznar es imprevisible. -¿Lo nombrará él? -Tendrá un alto porcentaje en la decisión. Pero el PP debe abrir un debate para que el candidato sea el del partido, no el del presidente. Deberá decidir si siguen gobernando quienes llegaron con Aznar a La Moncloa o si habrá un cambio como el que hizo Fraga en 1989. -¿Y los nombres? -En la primera opción estarían Rato, Rajoy y Oreja. En la del cambio, Zaplana, Acebes y Gallardón. Pero el PP tiene la obligación de explicar lo qué hará. No sería bueno un debate secreto. -Valore la gestión del «Prestige». -El Gobierno cometió el error de decir que no pasaba nada. Pero después la gestión fue espectacular: subvenciones, limpieza de playas... Rajoy, desde el silencio con que hace las cosas, hizo una labor impresionante que nunca será bien valorada. Y no hay que olvidar el movimiento del voluntariado: de quitarse el sombrero.