GLOSARIO PARA VERANEANTES
23 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.INCLUSO los hombres más cerriles tienen sus momentos de flaqueza. Es por ello posible, hermano turista, que en estas épocas veraniegas le dé por dirigirse a su vecino y entablar conversación. ¡Nunca lo hiciera! Su vecino es ese paisano que pasa en moto por la corredoira cercana a su chalet, el que cuida a su perro como si fuese un primo suyo. Esa señora que lava, junto al camino, calzones de tamaño natural. Quizás no lo sepa pero en el pueblo donde pernocta pasan cosas raras. Por ejemplo, alguien ha fundado una asociación de amigos de Pocholo. Por ejemplo, uno de los vecinos tiene enterrados en la huerta a sus dos suegros. Por ejemplo, uno de los hijos del Raposo es fan de Marylin Manson mientras que su hermano gemelo es seguidor del Betis. Y sin embargo, qué belleza límpida de mañana cuando usted abre la puerta y se da de bruces con la luz lunar del Finisterre. Hay casos peores. Tuve yo un amigo que se fue a veranear a un pueblo tan perdido que un día, de pura soledad, le dio por interpelar al buen Lorenzo. Le dijo: «Eh, Lorenzo, amigo. ¿Qué passsa?». Y el sol, que es muy exquisito, se hizo el sueco. Pero mi amigo insistía: «Qué triste estoy, Lorenzo, hermano». Luego se bañaba un poco, se dejaba tostar por el sol tibio, mordisqueaba su bocadillo de tortilla. El pobre echaba de menos a su novia, los tubos de escape, la basura urbana, lo que se echa de menos en estos casos. Entonces Lorenzo, conmovido, abrió la boca. Ignoro qué fue lo que le dijo. Sé que mi amigo nunca regresó a su hogar vallecano. Dicen que anda todavía rondando por los alrededores de Laxe, en bañador y en chanclas, condenado para siempre al veraneo.