Me encantan los vestidos, me encantan las cantantes y me encanta la foto. Imposible eludir esta imagen de la gala anual del canal televisivo VH1 en la que las cantantes Jewel y Beyonce Knowles de Destiny's Child interpretan uno de los duetos que se vieron durante la fiesta. Como casi siempre había un destino benéfico, en este caso, la fundación Save the music que, desde su creación en 1997, ha entregado unos 25 millones de instrumentos musicales a muchísimas escuelas públicas. La nómina de famosos que participaron en la gala es gigantesca. Desde Stevie Wonder a Whitney Huston , pasando por Shania Twain , Pat Benatar o Celine Dion . Como ven, las protagonistas fueron las mujeres, incluida Sharon Osbourne , la esposa del rockero Ozzy Osbourne , que mientras atravesaba la alfombra roja para entrar en el Gran Garden Arena de Las Vegas, mostró uno de sus pechos a los fotógrafos, tal vez para demostrar que el cáncer que ha superado recientemente no ha incidido en su aspecto físico. Mucho peor lo lleva Michael Jackson a quien, según su abogado, las demandas le ponen enfermo. No me extraña, tal y como está el pobrecito. El caso es que el otro día tuvo que desplazarse de Los Ángeles a Indianápolis para declarar en una demanda que le ha interpuesto Gordon Keith , por considerar que en la reedición de un disco de los Jackson Five no se le ha incluido en los créditos a pesar de que participó en las canciones del disco. Pues el pobre Michael no llegó a completar su declaración ni a viajar a su localidad natal, Gary, como tenía previsto. De repente se sintió enfermo y débil y se fue a un hospital donde permaneció dos horas antes de coger su avión privado y regresar a su casa de Los Ángeles. Aunque él no hizo declaraciones, su abogado sí: «No le gustan las demandas. Ni come ni se cuida de lo preocupado que está». Pobrecillo. El caso es que el día que llegó, el pasado martes, se le vio estupendamente comprando en un centro comercial y firmando autógrafos. Pero, claro, la amenaza del juzgado le dejó groggy . Sucedió en Alcoy. Un electricista fue a ingresar en la cuenta de la empresa que comparte con un socio un talón de 390 euros, pero el empleado del banco anotó como cantidad ingresada el número de cuenta. Casi nada. Sólo unos cuarenta millones de euros. Cuando constataron el error, se estuvieron chuleando por el pueblo y haciéndose pasar por lo que realmente eran: millonarios. Cuatro horas después decidieron acabar con la farsa y avisar al despistado operario del banco: «Resulta muy pesado esto de ser rico», declararon. Tal vez, si en lugar de enseñar el extracto de la cuenta se hubieran gastado una parte de esos cuarenta millones de euros, no les habría resultado nada pesada su nueva vida de millonarios. Pero, claro, nadie debe gastarse lo que no tiene. ¿No les parece? Que disfruten del fin de semana. Y, hoy, reflexionen, que buena falta hace. Página en Internet: