?arece el guión de una mala película de sobremesa, pero es auténtico porque no hay duda de que el mejor guionista es la cruda realidad. En esencia, esta es la historia de chica de buen ver que enamora a millonario sesentón, se casa con él, se fuga con otro y, en vista de que su modo de vida corría peligro, lo manda matar. Comidilla de la mejor con todos los alicientes propios del caso y ambientada en la cinematográfica Nuremberg. La historia arranca cuando una joven y no muy agraciada Tanja Anfang -de 20 años e hija de la dueña de una autoescuela- conoce a Franz Gsell, de 66, el cirujano plástico alemán por excelencia, el que retocó los senos y glúteos de media élite germana. Era la década de los noventa y él se acababa de separar de su mujer. La llegada de la joven y vitalista Tanja le trastocó de tal modo que sus allegados no daban crédito. No es que la chica fuese normalita, que lo era, sino que exhibía una limitadísima educación. Pero el millonario y mundano Franz Gsell se enamoró sin condiciones. Cambio espectacular En diez años, el cambio de la joven Tanja fue espectacular, empezando por el nombre, un sofisticado Tantjana. Según el diario alemán Bild , la chica de pueblo se convirtió en princesa gracias a las artes de su marido (veinte operaciones dicen que le hizo) y a su dinero (diez millones de euros de capital). Una mujer eternamente joven y con tapizado de silicona. Olvidando sus orígenes sencillos, Tantjana comenzó a brillar en la sociedad de Nuremberg, a ser la salsa de todas las fiestas y acabó exhibiendo su lujo en televisión. Aquello molestó a más de una familia de poderío y para ella fue el principio del fin, según recalcaba recientemente un íntimo. Tras su incursión mediática decidió sacudirse el polvo del provinciano Nuremberg y dar un paso más. Ese paso fue más bien un salto al vacío, con el nombre de Helmut Becker, un sesentón de buen ver y, tras la ruina del imperio paterno, de difícil catalogación empresarial. Ambos, Becker y Tantjana, emprendieron una aventura hacia Marbella, donde residieron el pasado verano y acudieron a mil saraos. Allí querían montar una especie de centro comercial y de ocio para millonarios pero mientras el negocio no era tal, ambos vivían de la tarjeta de crédito del supercirujano . Todo parecía mantenerse en un delicado equilibrio, hasta que el doctor le dio un ultimato: o volvía con él tras la Navidad o cerraba el grifo. El 5 de enero, Franz Gsell era asaltado por dos rumanos en su casa y golpeado brutalmente con un hacha, de cuyas heridas no se recuperó, muriendo el 26 de marzo. Todas las miradas se dirigieron a la alegre y riquísima viuda, heredera universal. Las investigaciones concluyeron el pasado día 23, cuando fue arrestada en Nuremberg y acusada de contratar el asesinato. ¿Final feliz?