Un trabajador del aeropuerto de Hong Kong infectó de neumonía a 112 personas. Es un «supercontagioso», una persona que ayuda a propagar la enfermedad por medio mundo.
15 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Un joven de 26 años trabajador del aeropuerto de Hong Kong contagió de neumonía a unas 112 personas; una anciana canadiense infectó a tres generaciones de su familia; en China hay un niño tan infeccioso que le llaman el emperador Veneno; y un médico chino transmitió el virus corona a doce personas, seis en el ascensor de un hotel y sacó la enfermedad de su país. Son los supercontagiosos , pacientes capaces de propagar la enfermedad a más de treinta personas antes de tener un solo síntoma. Este fenónemo es estudiado por los expertos, que no acaban de dar una explicación irrefutable y sólo se mueven entre hipótesis. Una de ellas es que estos enfermos «son resistentes en parte a la enfermedad que transmiten», según Joshua Lederberg, catedrático y Premio Nobel de Medicina, que no duda en apuntar que «esto no deja de ser una conjetura epidemiológica». Lo que sí parece más o menos claro es que los supercontagiosos no lo son por genética, sino que se trata de una desgraciada coincidencia. Por ejemplo, en el caso del trabajador del aeropuerto de Hong Kong que infectó a 112 personas, los médicos sospechan que la causa fue un inhalador que utilizó el joven y que le permitía nebulizar con medicamentos la flema de los pulmones, con lo cual aumentaba su capacidad pulmonar. La doctora Susan Baker, profesora de la Universidad Loyola de Chicago, comentó al respecto en el The New York Times: «Si tú le das un inhalador a una persona con una infección viral en sus pulmones, estás extendiendo la enfermedad», ya que recibe más aire y «todo el aire que entra tiene que salir». Tos dañina En otros casos, el supercontagioso consigue repeler la infección en su garganta pero su tos es extremadamente dañina. Además, no tiene síntomas y se encuentra bien durante mucho tiempo; el problema es que esta persona puede ser una azafata de vuelo, un médico o una prostituta, gente que está en contacto muy cercano con personas extrañas, y que por tanto puede expandir la enfermedad con facilidad. Desde la OMS son conscientes del riesgo y de ahí que ahora se controlen todos y cada uno de los casos. Un claro ejemplo de este miedo fue el despliegue sanitario que ocasionó un empresario hongkonés que durante dos días se paseó, enfermo y sin saberlo, por los aeropuertos de Hong Kong, Barcelona, Fráncfort y Londres.