Dicen que las penas nunca vienen solas, pero las alegrías también se juntan a veces. Miren si no a Catherine Zeta-Jones, que podría llevarse a casa a su segundo hijo y a su primer óscar casi en el mismo paquete. Tan a punto está de ser mamá que dentro de quince días, durante la ceremonia de los Óscar, una ambulancia estará haciendo guardia fuera del teatro Kodak, mientras un médico y una enfermera la vigilan dentro. Y es que esta nueva princesa de Gales no está dispuesta a perderse este momento aún a riesgo de que la emoción pueda provocar un adelanto del parto. ¿Se imaginan que rompe aguas mientras agradece su óscar hecha un mar de lágrimas? Tampoco los kilos de más impedirán a Zeta-Jones salir a lucir modelito esa noche. La actriz no ha cumplido su promesa de no engordar tanto como en su primer embarazo, pero no me extraña, porque uno de los placeres favoritos de los señores Douglas es hartarse de chocolate después de hacer el amor, lo cual, conociendo la trayectoria amatoria de Michael, será casi todos los días. Claro que en algún sitio he leído yo que comer chocolate después del amor es síntoma de que uno no se ha quedado del todo satisfecho. Ya se sabe que cantidad no es sinónimo de calidad. La hija de Talavera Por otra estrella de Hollywood, Gwyneth Paltrow, anda Talavera de la Reina revolucionada. El ayuntamiento aprobó hace un mes nombrar a la actriz hija adoptiva de esta ciudad de Toledo que visita con frecuencia desde que, siendo adolescente, participó en un intercambio estudiantil para aprender castellano y entabló una relación amistosa con la familia que la acogió. Ahora, el grupo de Izquierda Unida en la localidad critica la decisión porque considera que es una «cuestión de imagen y electoral» y opina que este título «debe conllevar más requisitos de trabajo y labor en pro de la ciudad». Y es que el hecho de que la megaestrella haya mencionado el nombre de Talavera en alguna entrevista para una glamurosa publicación no acaba de parecerles mérito suficiente.