En la cama a todo trapo

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

Se acabó el verano en Brasil. Y el carnaval al verano. La carrera de camas de Río, que se celebra desde hace ocho años, marca en Río el finde la temporada veraniega, aunque el aspecto de participantes y turistas denote todo lo contrario. Ahí tienen a algunos de los concursantes, que desbordan buen humor no exento de sensualidad. Porque a la cama se puede ir de muchas maneras. ¿Cómo van ustedes? Yo, desde luego, no podría presentarme a una carrera de camas con mi vestuario habitual, pero no importaría que un lozano brasileño empujara la cama mientras la brisa de Río me refrescaba la frente, que a veces pienso que buena falta me hace (el refresco, no el brasileño). En fin, que animo a algún ayuntamiento gallego a que copie la idea y sustituya la carrera de carrilanas por una competición de tálamos, que parece mucho más divertido. Eso sí, cuidado con la terminología, que el portugués no es el gallego y eso de la «corrida de camas» habría que pulirlo un poquito. Demasiada infidelidad Claro que Río es como es. Incomparable con cualquier otro lugar. La sensualidad brasileña no tiene parangón, aunque sí sus inconvenientes. Y si no, le pueden preguntar a José Adauto Caetano , un brasileño peculiar. Y no sólo porque se haya casado nueve veces, sino porque asegura que sus primeras ocho mujeres le traicionaron. Y, con ese currículum vitae, José se decidió a fundar la primera Asociación de hombres mal amados de Brasil que ya tiene cuatro mil socios. Asegura que tiene «mucha experiencia» y que puede dar buenos consejos. Por ejemplo, que la infidelidad es algo normal y que no debe convertirse en un trauma. De sus matrimonios han nacido 17 hijos, aunque José no está en disposición de asegurar cuántos de ellos son realmente suyos. Eso sí, afirma cumplir con sus obligaciones paternales con todos ellos. De momento, con su novena mujer las cosas le van bien: «Ella me es fiel... al menos por ahora». A ver si le dura. Casarse en Suecia Aunque no todo el mundo lo tiene claro, los suecos sí. Un matrimonio heterosexual es igual que un matrimonio homosexual. Y así lo aplican. Lo aplican en Suecia y ahora están estudiando ampliar su radio de acción a 21 de las embajadas que tienen por todo el mundo. Claro que tienen que ir con cuidado porque, por ejemplo, la embajada sueca en Riad puede oficiar matrimonios heterosexuales, pero en Arabia Saudí la homosexualidad está penada con la muerte. Así que no es cuestión de ir provocando ejecuciones por el mundo.