Venecia pone puertas al mar

Quico Balay CORRESPONSAL | ROMA

SOCIEDAD

AP

El proyecto Moisés, presupuestado en 4.000 millones de euros, prevé la construcción de 79 compuertas que contendrán las mareas del Adriático

26 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Los habitantes de Venecia están con el agua al cuello. Sus representantes políticos todavía no se han puesto de acuerdo para dar vía libre a una de las obras hidráulicas mas vanguardistas del mundo. El proyecto, que permitirá frenar el hundimiento de la ciudad de los canales, se llama Modulo Sperimentale Elettromeccanico y cuenta con el vertiginoso presupuesto de 4.000 millones de euros. Ya es conocido con el paradójico nombre de Mose, es decir, Moisés, pero en esta ocasión el objetivo no será abrir las aguas sino cerrarlas. En realidad, la idea de proteger Venecia de las mareas e inundaciones mediante este procedimiento es vieja. Ya en 1969 se consideró la posibilidad, ahora factible, de habilitar un sistema de diques móviles que emergieran del fondo del mar para impedir la entrada del agua en la laguna. Ahora la iniciativa ha cobrado forma con la construcción de 79 compuertas móviles que mantendrán el agua a raya. Si algo tiene de especial la obra es el entorno donde será realizada, una ciudad frágil y única, patrimonio de la humanidad y escenario sociocultural de excepción. Estas circunstancias han requerido una atención y mejora constante del proyecto inicial, porque ninguna solución ha sido considerada técnicamente sencilla. Es aquí, en las cuestiones formales, donde se han empantanado el alcalde de la urbe, Paolo Costa, y los representantes del Estado. Pequeñas imperfecciones que se resolverán en cuestión de días. Cuando se hunda la primera piedra, dará comienzo una pretenciosa operación que tardará al menos ocho años en realizarse, ocupará a mil trabajadores y, además de los 2.300 millones de euros de presupuesto inicial, necesitará una partida anual de nueve millones de euros destinados a la gestión y el mantenimiento. La ciudad y su laguna, acosada por las mareas del Adriático y la inmundicia procedente de los ríos, evitarán así un nuevo año cero como el de 1966, que convirtió a Venecia en una auténtica ciudad sumergida. Esto no ha evitado, sin embargo, una oleada de críticas de los ecologistas, que ven un gran negocio detrás de la operación y consideran que no se conocen con exactitud los efectos secundarios. Poco importa que el informe sobre el impacto ambiental de las obras complementarias al Mose sea una incógnita. Pesa más la húmeda sensación que han provocado unas previsiones nada halagüeñas: en caso de no intervenir, Venecia se sumergerá unos 20 centímetros cada siglo.