La hija de Cristina Onassis herederá 2.700 millones de euros el 29 de enero, cuando cumpla 18 años de edad, una fortuna que la joven podría donar a causas caritativas
18 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Mientras casi todos sus contemporáneos soñamos con que nos toque la primitiva, es muy probable que Athina Roussel Onassis, rica de nacimiento, tiemble ante la idea de cumplir 18 años y sentir de golpe, como una losa, el peso de su inmensa fortuna. Si nadie lo remedia, eso ocurrirá dentro de diez días, el 29 de enero, fecha en la que la nieta del célebre armador griego, ya mayor de edad, recibirá en forma de herencia un «premio gordo» que algunos cifran en 2.700 millones de euros (unos 450.000 millones de pesetas) y que otros calculan en «sólo» 1.560 millones. La pregunta es qué hará esta jovencita con tantísimo dinero. Hace un par de años, en un libro sobre su vida, se aseguraba que Athina barajaba seriamente la posibilidad de donarlo casi todo a la beneficencia y quedarse únicamente con una suma que le permitiera vivir de forma acomodada, pero libre de la presión constante de los escoltas. Ella jamás ha confirmado tal cosa. Nacida en el seno de una familia tan sobrada en riquezas como en tragedias, Athina ha respondido al esquema de pobre niña rica desde que llegó al mundo. Su madre, Cristina Onassis, deseaba tener un hijo y eligió como padre y marido a Thierry Roussel, un play boy que, al poco de dejarla embarazada, hizo lo propio con una antigua novia que con el tiempo se convertiría en madrastra de Athina y responsable de que la pequeña tenga como lengua materna el sueco. La nieta de Onassis sólo tenía tres años cuando a su madre la encontraron muerta en la bañera, Athina pasó a convertirse en una auténtica fortuna en taca-taca. Su padre se hizo cargo de la acaudalada mocosa al tiempo que descubría que su ex mujer había modificado el testamento un mes antes de morir, nombrando como única heredera a su hija. Desde entonces, Roussel, a quien se dice que Cristina pagaba 15 millones de pesetas por acostarse con él tras el divorcio para intentar tener otro hijo, ha vivido bajo la permanente sospecha de ser un padre avaricioso. Sus conflictos con los albaceas de su hija, a quienes ha requerido una y otra vez importantes sumas de dinero, han sido constantes. Ellos le acusan de haber educado a Athina de espaldas a la cultura de su abuelo, hasta el punto de que la chiquilla no habla ni entiende griego, pese a que todo su imperio económico reside en ese país. Sana y equilibrada De momento, la joven ha dado muestras de ser algo más equilibrada que su malograda madre. Ha crecido sana y deportista en un pueblecito de Suiza, donde su padre intentó integrarla desde el principio en una vida normal. Athina también ha sabido encontrar el amor. Su novio, el jinete brasileño Álvaro Alfonso de Miranda Neto, es once años mayor, recién separado y padre de dos hijos.