Ruleta rusa en el océano

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

MARTINA MISER

Mal día para limpiar. Mal día para vigilar. Mal día para la esperanza. La de ayer fue una jornada de angustia. Un día inquietante bajo el peso de la amenaza viscosa que repta el mar empujada por vientos desatados que hacen girar la ruleta rusa de la marea negra. Un día con 6.001 visitantes. Seis mil voluntarios y José María Aznar, que por fin vino a vernos. Desde lo alto. Desde la torre de control marítimo de A Coruña, desde el avión que quería sobrevolar el lugar del hundimiento, la tumba del Prestige que no descansa en paz. Un día difícil para todos. También para ese voluntario anónimo que se asoma al balcón de la playa de A Lanzada mirando las manchas. Galletas de fuel, las llaman. El viento que empuja el veneno le hizo daño a la solidaridad. Muchos se encontraron con el lado salvaje del mar después de recorrer muchos kilómetros con la ilusión del desagravio porque, al fin y al cabo, todos consumimos y todos tenemos una pequeña cuota de responsabilidad. Unos más que otros, desde luego. Hoy toca lo de todos los días. Limpiar, si se puede. Y esperar el capricho del viento. Volver a apretar el gatillo del revólver y esperar que el percutor impacte en el vacío. Ruleta rusa. Ruleta negra. El más viejo de España José María Aznar, además de estar en Copenhague y en A Coruña tuvo tiempo para mandarle un telegrama al señor Joan Riudavets Moll que hoy celebra su 113 cumpleaños. Es el hombre más viejo de España y, afortunadamente, desde su residencia menorquina en Es Migjorn Gran, ve todos los días un mar limpio y azul, como teníamos en Galicia. Aznar, que ya conocía al anciano de su reciente visita veraniega, le dice en el telegrama: «Espero tener la oportunidad de reanudar nuestra anterior conversación. Estoy seguro que aportará valiosas enseñanzas». Es un clásico, eso de aprender la sabiduría de los mayores. Pero no todo el mundo está capacitado para ello. Al menos Aznar, desde su relevante visita a la cumbre de Copenhague, tuvo un recuerdo para el anciano. Quiero pensar que también para nosotros. Plantón a la realeza Por cierto que en la capital danesa, las intensas negociaciones dejaron a los soberanos de Dinamarca plantados en el Parlamento. Allí estaba preparada una recepción encabezada por la reina Margarita a las siete y media de la tarde. Pero la negociación fue muy dura (por la ampliación de la Unión, no por las ayudas a Galicia) y sobrepasó todas las previsiones. Así que la reina tuvo que acabar por suspender la reunión tras más de una hora esperando en vano la llegada de los líderes de la nueva Europa. Hubo un beneficiado en el retraso: el canciller Schröeder, que ganó una apuesta a los periodistas alemanes. Fue el que más se acercó al pronóstico de la hora del fin de la sesión.