Las focas descubren el sur

SOCIEDAD

ROMÁN ALONSO

La explosión demográfica en el Ártico ha desplazado a estos mamíferos hasta el litoral norte peninsular, con incrementos notables en los arenales de Galicia y Euskadi.

06 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A El Ártico, un océano polar a varios miles de millas de las costas de la Península Ibérica, se está, en cierto modo, superpoblando de focas. Sucede desde hace años y las consecuencias están llegando a Europa y, más concretamente, al litoral norte español. Allí el número de animales aparecidos en las playas -el último ayer en Asturias- se ha multiplicado desde comienzos de año. La preocupación ha llegado ya al Parlamento Europeo, donde se han formulado varias preguntas sobre las consecuencias que esta explosión demográfica acarreará en el viejo continente. Los ecologistas dan algunas, pero enfocadas hacia las propias focas: «Moitas crías chegan cansas e agotadas por navegar tantísimo e ata tan lonxe; varan e morren», explica Afredo López, presidente de la Coordinadora para o Estudio dos Mamíferos Mariños. En Galicia ese desenlace trágico se ha dado en la mayoría de los casos. Sólo una de las focas fue devuelta con vida, en este caso al sur de Irlanda. La llegada de estos mamíferos, perdidos de sus manadas, se ha detectado también en la costa vasca. Un dato: se avistaron tres en apenas dos días. Es por ello que los sistemas de recogida de animales se mantendrán hasta el mes de diciembre. En todos los casos se trata de focas comunes, grises (las que aparecieron en Galicia) o de casco. De esta última especie se localizaron durante el año 2001 hasta 35 ejemplares en el Atlántico, entre el Caribe y las islas Canarias. Es decir, aguas con una temperatura más elevada que la del Cantábrico y aún más alejadas de su lugar de nacimiento. Y han llegado incluso al estrecho de Gibraltar. Debate de la caza Problema ecológico para unos. Oportunidad económica para otros. Es el caso de los que defienden que esta superpoblación de focas justifica el levantamiento de la moratoria para su caza. Sólo Canadá (donde cada año se da cuenta de decenas de miles de ejemplares) y Noruega mantienen estas prácticas. El debate se produce apenas unos meses después del rebrote de una enfermedad mortal que acabó con unas 2.000 focas del norte de Europa. El problema se encuentra, precisamente, en la posible propagación de ese virus hacia el sur, al Atlántico. Y las extrañas migraciones no parece que vayan a acabar.