La modelo y la máscara

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

25 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

No. El diseño no es de David Delfín . Es de Alessandro de Benedetti y se presentó ayer en Milán. La modelo, con la cara tapada por una máscara típica de los combates de lucha libre americana y muy vinculada también al rollo sadomasoquista, no fue la única en presentarse con la capucha. Casi todas las chicas que mostraron las creaciones del diseñador italiano iban de una guisa parecida. Y, hasta el momento, que se sepa, no ha habido escándalos ni nadie se ha roto la camisa, ni hay previstas interpelaciones parlamentarias. Nada, en definitiva, comparable a la movida de Cibeles. A unos le hizo más gracia y a otros menos. Veremos qué pasa hoy en Pontus Veteris, pero yo recomendaría un poco de prudencia antes de escandalizarse por cosas que, al fin y al cabo, son arte. Y el arte es libre. O debería serlo. ¡Maldita depilación! Menos libres son las grandes cumbres políticas, donde las medidas de seguridad son extraordinariamente sensibles. Tanto es así que el martes, en Copenhague, en medio de la cumbre euroasiática de jefes de gobierno, se dispararon todas las alarmas. Tremendo pollo, amenaza de bomba, policías por todas partes. ¿Qué ocurrió? Pues la verdadera razón de la alarma se conoció ayer, un día después del incidente. El asunto fue que la depiladora de la esposa del primer ministro finlandés se puso a funcionar accidentalmente. La máquina iba en las maletas de varios invitados a la cumbre viajando en un coche oficial. El chófer, al oír un ruido extraño, apartó el vehículo de la calzada y llamó a la policía. Y ahí ya se montó la gran movida. Comprobado que no había ninguna bomba en las maletas, la mujer del primer ministro finlandés fue invitada a mostrar el contenido de su valija y fue entonces cuando apareció la traidora máquina de depilar. Afortunadamente, hasta el momento, la depiladora de la señora ha sido la mayor amenaza que ha sufrido la cumbre. Ya saben, si tienen que acompañar a alguien importante, es mejor que le quiten las pilas a la máquina de depilar (o a la de afeitar). El cura que no quería barrer Jaime de la Fuente es un cura que administra una parroquia cerca de Medina del Campo, en Valladolid. Y el hombre está harto ya de barrer la puerta de su iglesia después de las bodas. Así que ha agarrado el toro por los cuernos y está dispuesto a imponer una fianza de cien euros a las parejas que se casen. Si dejan la entrada perdida de arroz, el cura se queda con los euros. Claro que don Jaime no dice que sea sólo por no barrer. Asegura que eso del arroz es un rito pagano importado de las películas americanas y que no hay ninguna necesidad de mezclarlo con el sacramento de la boda. La idea del párroco es que esas fianzas sirvan para reparar la iglesia, aunque poco podrá hacer ya que, según admite, no oficia más de cuarenta al año. La papaya del Papa ¿Les parece a ustedes que el Papa ha experimentado una ligera mejoría en sus últimos viajes? Algunos creen que sí y atribuyen la recuperación del pontífice a una audiencia que le concedió a Luc Montagnier, uno de los descubridores del virus del sida. ¿Qué pasó en aquella audiencia? Pues que Montagnier le regaló al Papa un paquete con extracto de papaya. Al parecer, Montagnier ha depositado una fe ciega en este producto para combatir enfermedades degenerativas como el parkinson o el alzheimer. En cualquier caso, el Vaticano no está dispuesto a admitir nada y afirma que el Papa confía en sus médicos personales para elegir los métodos más oportunos. Sea como fuere, el preparado de papaya ha entrado como un tiro en el mercado europeo. La empresa que lo frabrica, una farmacéutica japonesa, ha enviado a Francia una primera remesa de más de seis mil cajas. Y es que pocos personajes pueden generar más publicidad que el propio Papa.