Orquesta de viento y percusión

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

17 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Hay algo más molesto que intentar echar una placentera siesta y que el vecino se haya empeñado en hacer bricolaje justo a esa hora de la modorra digestiva? Pues seguramente intentar ensayar con una orquesta de viento y que alguien ponga la percusión a golpe de martillo. Ésta es la curiosa situación que ayer captó el fotógrafo en Polonia entre la gente que ultimaba los preparativos para la visita del Papa. Cada uno a lo suyo. La digestión de Loquillo Podría haberles mostrado hoy aquí una foto de Loquillo paseando por A Coruña. ¡Qué bonito habría quedado su tupé con las galerías de La Marina de fondo! Pero no ha podido ser. El cantante comía ayer con un amigo en el restaurante coruñés Il Tocco, en pleno paseo del Parrote, cuando un fotógrafo se acercó a pedirle si lo podía retratar para la posteridad. Sólo una foto, vamos, nada del otro mundo. Pero el cantante debía estar un poco de mal café y respondió que a él no se le molesta mientras come. Pues nada, buen provecho. Britney ya no ve la vida de color de rosa Otra a la que le molestan los medios de comunicación es a Britney Spears. Quien lo ha revelado es su madre, Lynne, que asegura que Britney ya no ve la vida de color de rosa, porque ha tenido demasiadas muestras de los vicios de la humanidad, «especialmente en la prensa». Prefiero no hacer más comentarios al respecto, porque siempre que me meto un poquito con alguien del mundo de la música sus fans me colapsan el correo electrónico. Una melena de casi tres metros Un hombre de la provincia china de Sichuan con una melena de 2,88 metros reclama su acreditación en el libro Guiness de los récords por tener el pelo más largo del mundo. Se llama Huobushayi, tiene 62 años y es uno de los pocos hombres de la etnia yi que respeta una de sus tradiciones seculares, dejarse el pelo lo más largo posible como símbolo de admiración a Dios y de buena suerte. Su cabellera es tan larga que necesita ayuda para moverse y tan espesa que su trenza es ancha como un antebrazo. El hombre se ha dejado crecer el cabello desde los cuatro años, como mandan las normas. Pues se habrá ahorrado un dineral en peluquerías, que cobran una barbaridad.