El aparente éxito en la separación de las dos siamesas guatemaltecas que nacieron unidas por la cabeza se ha visto oscurecido por la vuelta de una de las niñas a la mesa de operaciones tras detectarse una hemorragia. Aún así, el director del hospital Mattel de la Universidad de California, Michael Karpf, es optimista al ser una situación «controlable» y de la que no hay que sacar conclusiones precipitada. La intervención, que comenzó el pasado lunes, duró más de 20 horas y concluyó con la separación de las pequeñas María Teresa y María de Jesús Quiej-Alvarez, de un año de edad. Como los médicos habían previsto, los cerebros estaban separados, así como las arterias, y el mayor problema fue distribuir entre ambas el sistema de drenaje que ofrecen las venas, que estaba compartido. El optimismo está bañado por incertidumbre, dado que las próximas horas y días serán cruciales para las niñas.