No sé si será por lo poco que he dormido esta noche, después de salir de peñas por Pontevedra, pero a mí me produce vértigo ver esta foto. No sólo por el que salta, que al fin y al cabo lleva paracaídas para amortiguar el golpe después de mil metros en caída libre, sino también por los que están arriba mirando. La imagen fue tomada en Noruega, donde dieciocho saltadores participaron en un campeonato de salto en el fiordo de Kieraf. El «top-ten» de las funerarias No es por relacionar las cosas, pero me vienen a la cabeza los acordes de una lista de éxitos musicales de las funerarias del Reino Unido, en las que el pop sustituye al tradicional órgano. ¿Saben cuál es la canción más solicitada para los funerales? Wind beneath my wings, de Bette Midler. ¿Y en el número dos? My heart will go on, de Celine Dion. Sí, la de Titanic. Y la lista sigue con I will always love you, de Whitney Houston, y Candle in the wind, de Elton John, el gran responsable de esta moda tras su miniconcierto en el funeral de Diana. También los hay que desean ponerse menos trascendentes y eligen la canción de La vida de Brian, ésa que invita a mirar el lado bonito de la vida. Un error de miles de kilómetros A Si alguien está pensando en viajar barato y comprar los billetes por Internet, que se cerciore bien antes de pulsar aceptar. Dos británicos que querían cumplir su sueño de ir a Sydney acabaron, por error, en una localidad de 26.000 habitantes llamada Sydney, en Canadá. Emma Nunn y su novio Raoul Sebastian, de 19 años, llevaban seis meses ahorrando para el anhelado viaje. No les hizo sospechar que el vuelo fuera de Air Canadá, ya que pensaron que era una ruta más barata. Empezaron a mosquearse al hacer transbordo en la canadiense Halifax, y ver que los subían a un pequeño aparato de 25 plazas. Y se les hizo la luz cuando, a los 45 minutos, el piloto anunció que estaban a punto de aterrizar en un lugar que en los mapas aparece al otro lado del Océano Pacífico. Aniston dos, Brad Pitt siete Jennifer Aniston asegura que ella y su flamante marido, Brad Pitt, quieren tener hijos, pero no se ponen de acuerdo en el número. Y es que ella siempre había pensado que dos era una cifra redonda, pero él quiere nada menos que siete. La Rachel de Friends se apresura a decir que sus recién cumplidos dos años de matrimonio han sido muy felices: «La gente cree que llevamos una vida glamurosa, pero no podría ser más normal; pintamos, leemos guiones, leemos libros, vemos películas y cenamos tranquilamente». O sea, una vida casi como la mía pero con Brad Pitt al lado. Una sutil diferencia.