Si comes, no ligas

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez PORTONOVO

SOCIEDAD

De tapeo en Portonovo lo único que te puedes llevar a la boca son unas navajitas o unos chipirones. Para comer otras cosas, mejor recurrir a las discotecas de siempre

28 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Santiago y Portonovo tienen algo en común: la fecha de sus fiestas y la meritoria capacidad de concentrar en ellas más gente que Corea en los partidos del mundial. Esta cualidad tiene ventajas y deventajas, porque si bien hay más chicos, también es cierto que acaban saturando. De todas formas, es una noche completa: atracciones de feria, terrazas abarrotadas y un campeonato de balonmano playa (sí, existe ese deporte). Como buenos atletas que somos (esta vez he logrado más apoyos que Lucía), lo primero son los partidos en la arena: diez chicos estupendos saltando para lanzar el balón con fuerza. ¿El problema? Que por más que animes ninguno va a dedicarte una sonrisa ni a pedirte el teléfono en el descanso. Eso sí, decidimos convertirnos en jugadoras amateur a partir de septiembre (¡los partidos son mixtos!). Toca tapeo, por lo que empezamos en uno de los locales de la carretera. Ahí me equivoqué, ya que la media de edad ronda los cuarenta. Eso sí, comer, comimos. Como lo mejor para ir de pinchos y no perderse la movida es la calle Méndez Núñez sigo por esa zona. Nos sirven las tapas sin pan, las navajas sin limón y una de mis amigas nos sorprende con un ruido ensordecedor: está masticando las arenas del pescado sin limpiar. Sólo me queda fijar los ojos en el par de chicos que tengo delante. Son pareja. Nos vamos. Por cierto, nos clavan. Entro en uno de los pubs y cuando voy a pedir la primera copa (por casualidad me atienden al momento), el chico de mi izquierda, al que llevan ignorando diez minutos dice: que suerte, como eres de aquí. (No lo soy, evidentemente, pero no le voy a explicar a este niño de dieciocho dónde está Ourense). ¿Tú de Madrid, no? (que raro, pienso). De Salamanca, me responde. Madrid, Salamanca, todo queda por ahí ¿no?. Pese a mi bordería, sigue charlando, pero hay momentos en los que una flojea en su trabajo y decido largarme a un rincón. Copas y puñales Antes de darnos cuenta ya nos estamos riendo con la pandilla de madrileños de la noche anterior, que con gran esfuerzo lograron beber siete copas cada uno para conseguirnos camisetas y abanicos. (Y luego dicen que ya no quedan caballeros) Cuando te diviertes, las horas se pasan volando. Y mientras se lanzaban «puñales» unos a otros, nosotras nos lo pasamos en grande con sus bromas estilo Faemino y Cansado. Una gran noche.