El bocado de Bush

ALBA DÍAZ-PACHÍN

SOCIEDAD

26 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Después de la resaca eurovisiva, parece que todo ha vuelto a la normalidad. Aunque no para todos, porque otros todavía siguen de fiesta. Y es que mientras la mayoría se conformaba con pasar la noche del sábado con Rosiña, Bisbal, Busta y compañía, George Bush y su esposa Laura continuaban su viaje por Rusia con dos guías de excepción, el presidente Vladimir Putin, y su mujer, Lyudmila. Y además de hablar de política parece que el periplo ha dado para mucho más. Y si no fíjense en la foto, que más que un beso parece que Bush le va a dar un bocado a la señora Putin, mientras que Laura Bush no pierde detalle y Vladi, (alucinado, supongo) intenta agarrar a su compañera. Y yo que pensaba que la política era aburrida. No, si es que al final, las relaciones internacionales van a ser realmente relaciones y lo que se lleva entre los líderes mundiales son cosas como el menage a trois. O es que los fotógrafos han estado muy acertados y el ojo engaña. CHICAS GUAPAS. Y ahora noticias de chicas guapas, en este caso de Vania Millán, la polémica Miss España 2002 y que estos días se encuentra por Puerto Rico compitiendo con otros 74 bellezones para hacerse con la corona de Miss Universo. El desenlace será el próximo miércoles y las apuestas colocan a la española como una firme candidata a llevarse el gato al agua. De momento, ahí la tienen, pisando con garbo la pasarela puertorriqueña, echando de menos a su novio (lo siento por la Banda del Viagra, que ya le había puesto el ojo encima) e intentando olvidar el escándalo (escandalazo, más bien) del certamen que se celebró en Algeciras. UN POLÉMICO PIJAMA. Pero para escándalo el que montó Elle McPherson (sí, vale, otro bellezón) en un vuelo entre Sydney y Londres porque las azafatas no fueron capaces de proporcionarle un pijama de su color favorito que, por lo visto, es el blanco. He de confesar que yo ignoraba que en los aviones regalasen prendas de dormir, y siempre he tenido que conformarme con arrebujarme en una de esas mini-mantas que amablemente dispensan todas las compañías aéreas y que ahora, lo reconozco, las he birlado, utilizo para echarme la siesta en el sofá. Y es que Elle (que por cierto es la propietaria de la firma de lencería número uno de Australia) se mueve a otro nivel que el resto de los mortales desconocemos. O le dan su pijama blanco, o se pone como una verdadera fiera. Para colmo de caprichos, El Cuerpo se negó, causando el consecuente terror entre pasajeros y azafatas, a desconectar su teléfono móvil. Francamente, alguien debería explicarle a esta chica que hay caprichos que pueden resultar muy peligrosos.