Partículas en la luz

La Voz

SOCIEDAD

12 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Sólo son dos columnas de luz como cuando, de pequeños, dirigíamos el haz de una linterna hacia las estrellas y nos fascinaba aquel efecto. Tal vez sobre esas luces azuladas aún flotan las partículas de quienes fueron víctimas de aquel horror. Tal vez no. Tal vez, efectivamente, seis meses después, nuestras vidas empiezan a cambiar: el Gobierno de Estados Unidos se plantea difundir noticias falsas en pro de la seguridad, controlar los contenidos de los correos electrónicos; reforzar extraordinariamente su poder militar... Ninguno de los que dejaron sus vidas aquella mañana tiene la culpa de eso. Sólo fueron víctimas de la locura, de la estupidez, del fanatismo, del dinero. En fin, discúlpenme la trascendencia, pero permítanme también el homenaje.

SIR FRANCISCO, EN EL JUBILEO. Se va mañana a Madrid mi galante alcalde, Francisco Vázquez. Y se va a cumplir con una obligación inaplazable: «Los caballeros del Imperio Británico vamos a rendir pleitesía y vasallaje a nuestra reina». Así de rotundo se mostró ayer el regidor coruñés y miembro de la Orden del Mérito Británico. Y es que el propio Carlos de Inglaterra acudirá el jueves a una recepción en la embajada británica en Madrid para conmemorar el jubileo de Isabel II. Y allí estará sir Francisco, of course.

UNA ESPADA VERDADERA. Franco Magni es un italiano que quiere ser actor. Sin embargo, por alguna razón no tiene mucho trabajo así que se gana la vida vestido de gladiador a la puerta del Coliseo de Roma. Hasta ahí, todo normal. Lo malo es que el otro día, un turista de los que se hacen la foto con él, se percató que la espada que llevaba Franco era de verdad. Y le denunció. El caso es que ahora, el pobre Franco se enfrenta a una condena de tres años de prisión por posesión de armas. Ya ven ustedes. Todo por un afán realista y por no usar una espada de plástico.

¿QUIÉN MATÓ AL LORO? Si les parece que la justicia italiana ha sido muy dura en el caso anterior no se pierdan lo que ha decidido la justicia española para aclarar la muerte de un loro. Resulta que una señora entró un día en casa y se encontró que su loro estaba muerto. Denunció a su empleada de hogar por allanamiento de morada y ahora se ha preparado un juicio en toda regla y un jurado popular para solventar la causa. En realidad, el episodio de la muerte del loro (esto empieza a sonar a chiste), es algo más complejo. Pero la noticia está en el medio millón de pesetas que, al menos, costará preparar el juicio. Nunca un loro concitó tantos recursos del Estado. Y ni siquiera está claro que haya sido asesinado. Igual sólo se murió del susto.