La historia de amor divide en dos bandos a sus feligreses, en un pequeño pueblo salmantino Cupido ha perdido su sexto sentido para, a pesar de su ceguera, no disparar hacia sotanas y hábitos. Uno de sus flechazos ha viajado a través de Internet y del oceáno para unir en matrimonio civil a un cura español y a una ex-monja peruana. El párroco ha pedido a sus feligreses, de una pequeña localidad salmentina, una colecta para regresar con su pareja.
01 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Los 300 habitantes de la pequeña localidad de Ituero de Azaba y todos los vecinos de Ciudad Rodrigo permanecen atónitos ante el episodio que está protagonizando el cura párroco de la comarca salmantina. Primero, el sacerdote abandonó sus tareas para viajar a Perú a conocer a una mujer con la que había contactado a través de Internet. Ahora, las últimas noticias que han llegado a los vecinos confirman la boda del cura con la ex-religiosa de 36 años. Alfonso Vega, de 40 años de edad, se habría casado con la ex monja en la ciudad peruana donde reside actualmente ella, en compañía de su familia. La historia de este singular culebrón cibernético no acaba en Sudamérica, porque las intenciones de Alfonso contemplan su regreso a España para vivir en el mismo municipio donde oficiaba habitualmente la misa. Pero como la economía del religioso resulta insuficiente, ha telefoneado al bar del pueblo para pedir ayuda a sus feligreses para sufragar los de los trámites burocráticos peruanos y el viaje de su esposa. Colecta en el bar Los clientes del bar decidieron organizar una colecta y agradecer los servicios prestados desde 1986 por Alfonso Vega, quien solicitó a finales del pasado año una excedencia de seis meses para resolver sus problemas personales, alegando también la enfermedad de su madre y dificultades en su salud. Sin embargo, en su semestre sabático cruzó el charco y continuó una historia de amor que ha dividido al pueblo donde ejercía. En Ituero de Azaba, donde hay una gran desconcierto, a todos extraña que decidiera colgar los hábitos. Algunos vecinos reprochan la actitud del pastor y otros le apoyan incluso económicamente. El cepillo popular puede hacer que el cura cumpla sus deseos. De momento, cuarenta personas han reunido ya 1.200 euros.