Una pareja de viudos de 79 y 84 años se casa en Carral tras saber que no perderían sus pensiones Gonzalo Roel y Remedios Souto se vistieron ayer de gala para celebrar su boda en Carral sin poner en peligro su situación económica. Gonzalo tiene 84 años y afirmaba con orgullo «non son vello», su ya mujer, 79. Ambos eran viudos y se conocieron en un viaje a Covadonga, no perdieron el tiempo y a los pocos meses se fueron a vivir juntos. La ilusión por consagrar su relación se enfrentaba siempre al temor a perder sus pensiones, en cuanto se enteraron que la ley había cambiado, prepararon su boda.
24 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Remedios se enteró, cuando estaba internada por padecer del corazón, que entraban en los supuestos en los que el Gobierno permite casarse a los viudos sin perder sus pensiones. Tras salir del hospital arregló los preparativos de la boda en quince días. «Ou perder os cartos ou casar», señalaba la novia antes de la ceremonia, como las alternativas que han barajado los últimos cuatro años. Él llevaba ocho años viudo y ella diez en la misma situación y quien los conoce dice que a esas edades «non se está para perder o tempo». La opción de la pareja fue una convivencia sin papeles en la casa de ella, en la capital de Carral. Compañía «As cousas foron rápidas, el estaba só e eu tamén e había que buscar compañía», resalta Remedios, que no se desprendió ni durante un segundo de su precioso ramo de novia, de rosas blancas. Según los sobrinos de Gonzalo Roel, que actuaron como padrinos en la ceremonia ya que ni Remedios ni Gonzalo tuvieron hijos de sus anteriores parejas, contraer matrimonio era la ilusión de ambos. No habrá luna de miel, las pensiones no dan para tanto. «Mañá (por hoy) vou plantar leitugas e guisantes», señala Gonzalo como las tareas con las que se enfrentará a su primer día de casado. No hubo traje blanco, ella optó por un vestido verde, ni beso en la iglesia, pero los novios no se libraron del tradicional arroz tras la ceremonia. La novia aseguraba que no tenía tantos nervios como en su primer enlace, pero apuntaba que la boda era mejor. «As cousas cambiaron moito, antes aínda non había nin para mercar unhas zapatillas», recordaba. El párroco que ofició la ceremonia, Santiago Sánchez, reconocía que ha celebrado en sus 38 años como sacerdote muchos casamientos en segundas nupcias pero que no recordaba a ninguna pareja con una edad tan avanzada.