Xinzo, un ejemplo de tolerancia

JESÚS MANUEL GARCÍA OURENSE

SOCIEDAD

SANTI M. AMIL

El caso de Fátima no se plantearía en Xinzo, villa caracterizada por la tolerancia con sus inmigrantes, en total 500 personas de las que unas doscientas son marroquíes. Nadie se sorprende con las mujeres que van por la calle con la chilaba. Y nadie entiende que una escolar pueda ser privada de su pañuelo por imposición de la autoridad académica. En Xinzo, las niñas no lucen el velo, pero porque nunca ha surgido esta necesidad. «Mis hijos están escolarizados y todos los vecinos aquí se portan bien con nosotros», dice Abdennabi Fathala, cuya esposa asoma su mirada tímida tras la puerta del hogar. «Aquí no hay ningún conflicto», explica Valentina Nafría, jefa de estudios del colegio Rosalía de Castro, donde se forman parte de los 21 estudiantes hijos de padres marroquíes que viven en la capital antelana. «A súa integración é aceptable e aséntanse de forma pacífica», señala el alcalde, José Antonio Feijóo, cuyo equipo mantiene un plan de apoyo a los inmigrantes. Muchos vecinos marroquíes se han ido estos días a su país para la cita anual de su religión. Ángeles Fernández es asturiana y se ha casado con Mokhtar Sadik Hajji. Ella, católica; y él, seguidor de Mahoma. Esa diferencia de credo es posible gracias a un respeto exquisito. «El caso de Fátima es una barbaridad porque ella puede llevar el pañuelo. No me gustaría que fuese obligada por sus padres a llevarlo, pero si ella tiene esa elección, hay que respetársela», dice la esposa de Sadik, que viste con vaqueros y se siente respetada por la familia política marroquí. Los estudiantes son claros: «A rapaza está no seu dereito a levar o paño», dice Elena Rúa. «Debería levar o que quixera», apunta Carmen Bogaers. «É algo normal e ninguén tería que sorprenderse», resalta Marta Salgado. En Xinzo viven 23 y más de 100 hombres marroquíes. De sus 9.915 habitantes, hay gentes de 18 nacionalidades.