El hospital de Mulago, en las afueras de Kampala, constituye la columna vertebral de la sanidad ugandesa y la mal pertrechada resistencia a las devastadoras epidemias que asolan el país. Heredado de los ingleses al emanciparse la colonia, hace cuarenta años, el hospital dispone de 1.500 desvencijados camastros para acoger a más de medio millón de pacientes por año, a quienes hay que añadir otros 470.000 externos. Los acompañantes de los enfermos, que se cobijan debajo de los catres, aportan la ropa de cama y preparan la comida en las esquinas de los atestados barracones. Prevención ante el sida El doctor Kaggwa Lawrence, director del complejo con rango de secretario de Estado, es un hombre afable y locuaz que sólo enmudece cuando estima que el tema planteado sobrepasa sus atribuciones. Esa prudencia le impide ponderar cuestiones como los abusos de la industria farmacéutica, la relación entre subdesarrollo y enfermedad o el papel de la colaboración internacional y la ayuda humanitaria. «Estamos muy agradecidos a los cooperantes», dice, pero enseguida apostilla: «Una valoración más detallada corresponde al ministro de Salud». Sí se explaya al explicar algunas de las conquistas logradas en el centro, especialmente en la batalla contra el sida: «Hemos descubierto -señala- que la transmisión del sida de la embarazada a su hijo se produce en el momento del parto. Y hemos desarrollado un fármaco, el Nevirapine, que suministramos a la madre y al recién nacido. La transmisión se redujo en un 50 por ciento. El tratamiento, que ha sido estudiado y recomendado por la OMS, cuesta cuatro dólares, y ésta es una de sus ventajas, porque otros métodos son demasiado caros para los países del tercer mundo». La penuria de medios obliga a centrar la batalla contra el sida en el terreno de la prevención: «El presidente Museveni en persona se ocupó de la campaña de prevención. En el campo del tratamiento, intentamos corregir las infecciones o cánceres que se derivan de la enfermedad, proporcionar nutrición asistida y apoyo sicológico al paciente, pero los antirretrovirales no están a nuestro alcance, pese a que el precio del cóctel ha bajado de mil dólares al mes por persona a ochenta o cien dólares». Los laboratorios ¿Abuso de la industria farmacéutica? Kaggwa Lawrence sopesa la balanza: «Comprendo que le asiste el derecho de proteger la investigación internacional, pero también que, en una situación de vida o muerte, está justificada la violación de las patentes». Frente a la malaria, mal endémico en climas favorables al parásito, «dirigimos los escasos recursos a evitar la reproducción del mosquito portador en aguas estancadas próximas a poblaciones humanas, no hacia la curación del paciente». Y el temible ébola, endémico en el Congo, está desterrado en Uganda como estado, a juicio del director del hospital de Mulago.