La formación religiosa, y por tanto espiritual, no debe separarse de la educación. En esto coinciden estas dos profesoras, aunque cada una tiene sus propios argumentos. Así, Susana Lafuente afirma que «antes las clases de Religión eran como un catecismo, pero ahora ya no son así. Más bien se trata de una formación en valores que ayuda a los niños a integrarse en la sociedad», su impresión es además de que «los niños que están en mi clase están contentos». Olga Taddey demuestra una firme convicción en sus razonamientos sobre la importancia de esta asignatura. «No se puede separar la parte intelectual de la persona de la espiritual, hay que alimentar el espíritu porque si no enseñamos las reglas del buen vivir a los niños estaríamos creando autómatas, y no personas», afirma. Su religión, la evangélica, es además una formación para toda la vida: «Impartimos en escuelas dominicales y debemos ser activos, nuestro testimonio de vida nos garantiza el ser nombrados como profesores», asegura la profesora evangélica.