Ana Botella, esposa del presidente del Gobierno, José María Aznar, y abogada Ana Botella no se considera la Hillary Clinton española: «Es como comparar nuestra realidad con la de Estados Unidos, y no tienen nada que ver», pero tiene madera como mujer de su tiempo.
20 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Al día siguiente de presentar en Santiago los cuentos que ha comentado, y antes de viajar a Pontevedra para recibir la medalla de oro de la Asociación de Amigos del Camino Portugués, que se comprometió a hacer el año que viene, la abogada en excedencia y esposa de Aznar lamentó la pérdida de la comunicación oral en el ámbito familiar y se congratuló de que la mujer de su generación «proporcione un modelo de identificación a sus hijas». A la familia Aznar le temblaron las entrañas con el atentado de Nueva Yok. Su hijo mayor trabaja allí, cerca de donde estaban las Torres Gemelas. «Tuve mucha suerte -comenta la madre-, porque conseguí hablar con él cuando todavía funcionaban los teléfonos». -A propósito de Estados Unidos, ¿qué opina de que se la haya comparado con Hillary Clinton? -Creo que es como comparar nuestra realidad con la de Estados Unidos. No tienen nada que ver, son sociedades distintas y modelos distintos. La verdad es que creo que no tiene ningún interés comparar a personas... No, para nada, yo no soy como Hillary Clinton. -El menor de sus tres hijos tiene 13 años. ¿Los cuentacuentos ahora son ellos? -Pues sí, me cuentan cuentos de la realidad. Pero yo siempre he contado cuentos, porque he vivido rodeada de niños pequeños. Soy la mayor de trece hermanos y tengo un montón de sobrinos. La verdad es que he disfrutado mucho de esa etapa. Son momentos mágicos. La infancia dura muy poco, y se aprende cuando se te escapa de las manos. -¿De esa experiencia surgió este libro? -En un principio dudé si aceptar la propuesta de la editorial Martínez Roca, pero luego pensé que lo podía hacer como cualquier madre que le importa la educación y transmitir el hábito de la lectura. Y ha supuesto un reto. Con la vida actual se está perdiendo la tradición oral. Las tertulias que se organizaban alrededor de la lumbre se hacen ahora frente a la televisión. -La parte didáctica contó con expertos. ¿Su trabajo se limitó a los comentarios? -He hecho los comentarios y el prólogo. Fue lo que me propusieron, y me pareció importante el contenido didáctico. -Revisa estereotipos frente a valores como la igualdad y la democracia. ¿No corre el riesgo de contar otro cuento? -Hay cosas que, afortunadamente, han cambiado y es bueno hacérselo ver a los niños. Tienen que ver como la democracia se va ganando todos los días. Ellos se encuentran con valores ya establecidos, pero quedan cosas por las que seguir luchando. Es bueno hacerle ver a un niño la diferencia. Y, sobre la mujer, creo que nuestras hijas se tienen que dar cuenta de dónde vienen. Yo soy de la generación de la transición, que no tenía modelos de identificación. Nuestras hijas, sí. El que tiene que cambiar ahora es el hombre. Hay un desfase. La mujer ha roto el modelo de familia y ahora tiene que cambiar el modelo de hombre. -¿A qué dedicará los derechos de autora? -Bueno, pues a lo mismo que haría cualquier persona que trabaja. Gastaré el dinero en aquello que en su momento considere necesario.