Tercera etapa: las tres gracias

La Voz

SOCIEDAD

MARTINA MISER

XURXO FERNÁNDEZ LA VUELTA A GALICIA CON UN BILLETE VERDE

09 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Carta abierta a Santiago Pemán: Santi, majo, si me anuncias sol para los próximos siete días te mando todas las flores que recoja por el camino. Concluyó la misiva, vamos con el viaje. Elvira, Berta y María. Así se llaman mis tres gracias. Las niñas más simpáticas de toda Vilagarcía -aunque no en edad, sí en espíritu-. Les cuento. Amanecí en el atrio de la iglesia de Muros, como ya había prometido ayer. Parroquia, ésta de la que les hablo, donde los rufianes del Capitán Alatriste de Reverte las habrían pasado canutas para acogerse a sagrado. Primero, por el hecho de que bajo el soportal no caben más de diez o doce -y eso tumbados de canto-; después, debido a que hay enfrente un centro de salud que registra una peregrinación más intensa que la de la catedral de Santiago en año Xacobeo y por último, porque allí, seas moro o cristiano, a las ocho de la mañana ya te estás levantando con las campanas. Total, que a las nueve ya estaba en camino. Mari Luz se llamaba la señora que me llevó hasta Noia. Mujer con más de mil anécdotas, que conducía a su nieto al podólogo. Hasta Vilagarcía, tres conductores más. Entre ellos, un chaval que no sabía que tenía que ir a Padrón hasta que lo convencí para cambiar el rumbo. Dicen los que paran que me recogen por mi cara de buena persona. Tengo que agradecer a mis padres y a la genética no estar todavía llorando en Arteixo, con telarañas en el dedo. El caso es que alcancé mi destino. Allí, la difícil tarea de masticar de gorra. Solución al canto: el comedor de Cáritas. Llegué fuera de horario, pero ahí aparecieron mis tres gracias -en forma de cocineras- y remató la faena mi faz de santo: «Por ser la primera vez que vienes te vamos a dar de comer, pero mañana llegas a la hora» -desde aquí les pido que no esperen levantadas-. De menú, maragota guisada. Sin duda, más rica que en un restaurante cinco estrellas. Está claro, a Cáritas le debo un almuerzo al final de la aventura. Les dejo, que es temprano y quiero invertir en un gran helado y un buen bocata para la cena. Buscaré sitio para dormir en la playa más cercana. A ver si los caprichos de Pemán no me obligan a pernoctar bajo techo.