«La universidad debe ser más transparente»

M. RODRÍGUEZ / V. TORO MADRID

SOCIEDAD

JUAN LÁZARO

Pilar del Castillo, ministra de Educación, Cultura y Deporte El otoño se avecina caliente para la ministra de Educación, Cultura y Deporte. En septiembre comenzará a debatirse en el Parlamento la ley de reforma universitaria, se presentará el anteproyecto de la ley de calidad de la educación y los estudiantes han amenazado con protestar en la calle. Mientras tanto, con el plagio de Racionero casi olvidado, Nacho Duato se enfrenta públicamente con el Teatro Real. Le llueven los problemas y es cada vez menos frecuente su sonrisa. Pese a ello, afirma que tiene la conciencia tranquila y está segura de la confianza del presidente. «Si Aznar no habla de mí, será porque está encantado», dice.

10 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Está a punto de cumplir 50 años. Es la persona que aceptó la encomienda de José María Aznar de reformar en una sola legislatura todo el sistema educativo español. En sus años mozos militó en Bandera Roja, pero ya ni se lo recuerdan. No tiene carné del PP, pero cree firmemente en las ideas del partido de su Gobierno. Está junto a Aznar desde que ella y su marido volvían de disfrutar de una beca Fulbright en Ohio y se apostaron bajo las alas del presidente. -¿Cómo ha hecho para que una reforma como la de las humanidades que costó el puesto a Esperanza Aguirre y que Rajoy ni siquiera tocó haya pasado casi sin levantar polémica? -No creo que costara el puesto a una ministra. Ha habido un factor que ha influido para que se pudiera abordar de manera satisfactoria en esta legislatura. Obviamente, el cambio electoral del 2000. Además, en la legislatura anterior hubo una maduración acerca de la necesidad de impulsar las humanidades en la enseñanza secundaria y el bachillerato y muchas veces es necesario que las opiniones estén maduras. -Las reformas de la FP y la universitaria no parece que hayan llegado maduras. -Han llegado mucho más maduras. El debate sobre la necesidad de reformas en la universidad dura casi una década. Pocos debates habrán contado con tantos informes, seminarios y publicaciones como éste. -Y, sin embargo, está siendo muy criticado. -Por muy deseada que sea una reforma, cuando se produce un proceso de cambio y se plantea una propuesta coherente y rigurosa es normal que haya una cierta resistencia, sobre todo dentro de las instituciones, máxime si se plantea una mayor exigencia de calidad a la Universidad para mejorar la sociedad. -Las comunidades autónomas han pedido más tiempo para analizar el anteproyecto y han plantado al Consejo de Universidades porque usted no convoca una conferencia sectorial extraordinaria. -Hay que dejar claro que eso lo han hecho las comunidades gobernadas por el PSOE, más la comunidad autónoma vasca. Siete de diecisiete. -Y qué es lo que da coherencia a este proyecto? -El objetivo de la calidad y que se establezcan mecanismos que permitan una adecuada relación entre la sociedad y la universidad. - De ahí la presencia del Consejo Social en el Consejo de Gobierno. -Lo importante es el principio. Hay distintas fórmulas. Una es la que recoge el modelo, la participación en un porcentaje minoritario de representantes del Consejo Social en el Consejo de Gobierno. Pero hay otras. -Los rectores temen por la autonomía universitaria. -¿Pero aquí es la autonomía universitaria? Una cosa es la autonomía en todo lo que atañe a la docencia y a la investigación y que no debe contar con interferencias de ningún ámbito externo y otra que la universidad no responda ante la sociedad en sus demandas. Hace falta que la universidad funcione de forma transparente. -En las últimas semanas ha recibido fuertes críticas. Sin embargo, Aznar no habla de usted. A veces parece que está un poco sola. -No tengo en absoluto la sensación de estar sola. Formo parte de un Gobierno que tiene una gran coherencia. Es bastante evidente. Si José María Aznar no habla de mi, será porque está encantado.