La locutora que interpretó al personaje del consultorio femenino murió el domingo sin revelar su edad Fue la voz femenina más popular de la radio durante el franquismo, pero su entierro no será multitudinario. Maruja Fernández, fallecida el domingo en Barcelona, fue una desconocida para el gran público por la necesidad de mantener en secreto la identidad de Elena Francis. Así, el papel de su vida acabó eclipsando una brillante carrera profesional. Ella lo asumió, y fiel a la coquetería del personaje que interpretaba en el consultorio radiofónico, la locutora se llevó a la tumba el secreto de su verdadera edad.
14 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La locutora que interpretó a Elena Francis predicó con el ejemplo y mantuvo hasta el final su secreto mejor guardado. Fiel al canon de mujer que se fomentaba desde el consultorio radiofónico más popular de la radio española, Maruja Fernández murió el pasado domingo sin revelar su edad. Cuando alguien cometía la grosería de interesarse por su fecha de nacimiento, ella afirmaba que la desconocía, y que los papeles se habían extraviado durante la revolución castrista. Nacida en Cuba en el seno de una familia de emigrantes españoles, Maruja Fernández unió su nombre al de Elena Francis cuando en 1962 empezó a interpretar a la guía moral de la mujer durante el franquismo. No fue la única que prestó su voz al personaje, nacido en 1947, pero el público respondió con tal aceptación a su particular voz que no abandonó el papel hasta que el programa desapareció en 1984. Fue el punto final de una decadencia iniciada con la transición. Figura anónima «El corsé moral se había hecho más elástico, y la televisión remató un espacio que se había hecho más aperturista en los últimos años», afirma Antoni Vidal, subdirector de Radio Nacional de España en Barcelona. En esa emisora desarrolló Maruja Fernández su carrera hasta su jubilación, en 1990. Vidal la reivindica como la figura más importante de la radio barcelonesa, a pesar de que la Francis eclipsó la trayectoria de su intérprete. Para no romper el encanto del personaje, la locutora disimulaba su presencia en numerosos informativos de radio, seriales y televisión. Pero ella siempre se mostró orgullosa de interpretar un papel cuya función social defendía. Había verdadera identificación, y, según sus campañeros, la voz que se apagó el domingo transmitía la misma autoridad y carácter que el personaje.