Desde la publicación de Zen y el cerebro, un nutrido grupo de científicos se ha enrolado en el campo de la neuroteología, el estudio de la neurobiología de la religión y la espiritualidad. El pasado año, la Asociación de Psicólogos de América publicó Experiencias anómalas diversas, dando explicación tanto a vivencias místicas como a casos de gente que asegura haber traspasado los límites de la muerte. En el Centro para el Estudio de la Ciencia y la Religión de la Universidad de Columbia, un programa investiga como las experiencias espirituales reflejan sucesos peculiares de la vida cotidiana «que luego reproduce el cerebro». El trabajo más reciente se concreta en el libro Religión en la mente, en el que se asegura que las prácticas religiosas tienen una influencia apreciable en los lóbulos frontales del cerebro, lo que se traduce en un mayor optimismo e incluso en una mayor creatividad.